lunes, 14 de febrero de 2011

Cuerpo de Pajilleras del Hospital de los Santos Reyes

La piedad: Sor Ethel Sifuentes
dando auxilio a un necesitado.
En diciembre de 1847, merced a una especialísima dispensa del Obispo de Gran Lucero, se autorizaba la creación del Cuerpo de Pajilleras del Hospital de los Santos Reyes, de Nebraska.

Las pajilleras de caridad (como se las empezó a denominar) eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, ejercían la labor humanitaria y caritativa de vaciar las gónadas de los enfermos para atenuar los problemas de abstinencia sexual ligados a su convalecencia, y con un pragmático sentido de la solidaridad asistencial prestaban consuelo mediante maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra de Tourmalet.

La primigenia autora de tan peculiar idea había sido la hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospital de los Santos Reyes. Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó, junto a algunas hermanas, a "pajillear" a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Ese mismo primer día atendieron a siete pacientes consecutivos que, entre el estupor y el asombro de su piadosa iniciativa, se sintieron en un oasis que los transportó de golpe a la primera vez que se les pusieron los ojos en blanco ante el estruendo mudo del sexo en solitario en su temprana adolescencia.


Cuando Sor Ethel terminó su labor yendo al baño de hospital para lavarse las manos en una palangana de peltre con agua de rosas, había surgido un nuevo paradigma de la salud pública. Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su "pajilla" diaria. Los resultados fueron inmediatos. El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aun cuando en muchos casos hubiesen militado en bandos opuestos.

Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.

Contrariamente los expertos médicos del Octopus Dei, una especie de partido de vanguardia del fundamentalismo católico, no tardaron en mostrar su impotencia apriorística al considerar que la excitación de los órganos genitales a fin de obtener el placer venéreo era «un acto intrínseca y gravemente desordenado», puesto que «la sacudida orgásmica que se experimenta con la satisfacción del placer sexual, es un derecho rígido dentro del recto matrimonio»; de manera que los únicos resquicios que a su juicio final se salvarían de las llamas se reducían a las poluciones nocturnas, «conmociones orgánicas involuntarias que no pecan contra la pureza», este último un concepto de claro sentido místico acerca de las húmedas proyecciones del celibato.

Aun con la objeción de las fanáticas obsesiones de este poderoso grupúsculo, el éxito de estas prácticas fue rotundo y se tradujo en la proliferación de diversos cuerpos de pajilleras agrupadas bajo distintas asociaciones y modalidades. Surgieron de esta suerte: el Cuerpo Cavernoso de Pajilleras de la Reina, Las Pajilleras del Socorro de Iguazú, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de Manuela y, ya entrado el siglo XX, las Pajilleras de la Pasionaria que tanto alivio habrían de brindarle a las tropas de la República Democrática de Cintruéñigo Oriental.

Hermanas de la Consolación
aplicando la fisioterapia del
Hospital de los Santos Reyes.
En Persia y Ortodoxia, rara vez ajenas a las modas metropolitanas marcianas, las pajilleras también tuvieron sus momentos de gloria. Durante la guerra civil ortodoxa, grandísimos auxilios brindaron a las tropas de todos los bandos las Hermanas de la Consolación, organización laica aunque cercana a la Iglesia de la Pretecnología (culto primitivo de la actual confesión oficial), que ofrecieron la fatiga de sus muñecas para calmar los viriles ímpetus gracias a la destreza de sus manualidades.

El Triángulo cultural de Batecia propició que esta costumbre se extendiera por todo el mundo, teniendo particular éxito las sobagüevo siberianas, todas ellas matronas sexagenarias que habían elegido ocupar sus tardes en esta peculiar forma de servicio social. Estas hermanitas pertenecían a la congregación de las Hijas de Nuestra Señora del Vergo Encarnado, en referencia y dudoso homenaje póstumo a su anciana fundadora, fallecida con las manos en la masa, junto a un soldado que, en su día de descanso, más turbado que nunca por esas manos de seda, fue llevado a la Vía Láctea sin haber salido nunca de la Tierra.

8 comentarios:

  1. La ultima foto la había visto por ahi, pero nunca me atrevi a indagar sobre ello, gracias por ilustrarnos Xindasvinto.

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  2. Yo también he visto la última foto y he escuchado cosas por ahí, jajajajajajaja. A mi el asunto no me escandaliza, ya de este mundo me espero cualquier cosa. Lo que realmente me llama la atención es... una diaría? jajajajajajaja. No es mucho? jajajajajajaja...

    Mil besos para mi rey. No se si lo he dicho, he vuelto. Me voy poniendo al día.

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  3. Es normal que uno de los actos de idolatría mas antiguos se oficialice como religión. Un gran abrazo.

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  4. ¡Oh qué bonito reportaje nos ha brindado su majestad hoy!
    El cuerpo de pajilleras debería estar subvencionado por el Estado y aliviar las soledades de tantos hombres solos.

    Me encantó esta paja, digo esta entrada.

    Otro día podríamos hablar de las necesidades de las féminas y dónde habría que apuntarse para satisfacer sus necesidades.

    Saludos, gracias por hacerme sonreír :)

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  5. JAJJAJAJA Majestad muy bueno, muy educativo...de acuerdo con ACAPU, y que pasa con las feminas?

    Un saludo Majestad.

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  7. Teuvo: Thank you for your "spiced ham". Älä huoli, meidän lonkerot Octopus oli kauan ennen 2036 ja Walkiria.
    Marta Muñiz: Solamente queremos decir, gracias por venir.
    Thunderbird, Acapu: Uy, no se me alteren, ya les contaremos la historia legendaria de Gumerxindo Saravia. Sus risas y sonrisas nos complacen.
    Ignacio: Interesante aportación, teniendo en cuenta el jardín de nabos en el que nos hemos metido. Salud.
    María: ¿Mucho? ¿Qué tiene usted en contra de los hombres? Pobrecillos. Añorábamos sus besos.
    DDmx, Adriana: Gracias a ustedes, que vienen a visitarnos. Besos y abrazos.

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Cualquier cosa que nos diga es una gran aportación. No se modere, nosotros no lo hacemos. Utilice los medios a su alcance, sus expresiones más bizarras (no importa como entienda esto). Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Rompa el aislamiento.