viernes, 25 de noviembre de 2016

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen

Gente chunga pergeñando cosas.

— Hay personas del todo respetables que han tenido la mala suerte de verse políticamente confundidas por los mensajes de la posverdad.
— Puede ser, pero en los últimos tiempos la corrección política le ha dado mala fama a esto de considerar idiotas a los que no piensan como uno.
— Hay que acostumbrarse a lo difícil para que no nos haga daño lo imposible. De lo contrario, siempre tomaremos decisiones entre alternativas que conlleven un riesgo de disonancia cognitiva.
— ¿Disonancia cognitiva?
— Es un concepto que alude a la tensión que surge en un individuo al tener que afrontar dos ideas que están en conflicto y que afectan a sus creencias y valores poniendo en cuestión su coherencia interna. Según la teoría del proceso dual, la gestión del conocimiento activa dos sistemas distintos en el cerebro con los que el individuo crea un nuevo conjunto de ideas que le permite encajarlas y hacerlas compatibles para sí mismo.
— ¿Cuáles son esos mecanismos?
— Sistemas. En primer lugar, el de la intuición o razonamiento asociativo, automático y basado en las emociones, o los prejuicios, que se origina en hábitos adquiridos, muy difíciles de modificar. El segundo sistema, el de la razón, es más lento y deliberativo, y más susceptible de ser manipulado. El cerebro, con el objetivo de minimizar la energía utilizada, tiende a delegar gran parte de las decisiones en el primer sistema, aunque nos guste pensar lo contrario.
— Sin embargo, en algunas ocasiones la manera en la que el cerebro asume incoherencias es atribuir a un enemigo externo un ataque a sus valores o ideas.
— Eso fue lo que ocurrió con la chica de la playa.
— Exacto. ¿Cómo se llamaba?
— Larrabasterra.
— ¡Qué nombre mas raro para una playa!
— No, lo que no hay son chicas que se llamen así.
— No has entendido el chascarrillo.
— No, tú lo has contado mal.
— No.

viernes, 20 de mayo de 2016

La muy puta


Siento llegar tarde una vez más. No es que el metro se haya roto o que la caldera haya explotado, esta lentitud debe formar parte de un plan maestro. He pasado otra noche en danza. Esta vez era un cementerio, pero no era un lugar lúgubre, era fresco y exuberante como un jardín tropical. Las tumbas eran peceras inmensas donde nadaban peces de todos los colores imaginables. Había miles de mariposas a mi alrededor y enormes magnolios donde los pájaros conversaban cantando entre las ramas. Yo iba saltando feliz de piedra en piedra sin ropa alguna. Más allá del muro, era el mundo el que estaba habitado por fantasmas.

domingo, 1 de mayo de 2016

La insurrección de los moros en la costa

En Repanocha, una de las zonas costeras más pobladas de Ortodoxia, los esclavos octopusianos sentían gran predilección por las manzanas; pero como sus contratistas no querían añadirlas a la dieta acostumbrada, alegando que aumentaban considerablemente el presupuesto establecido, organizaban expediciones a los huertos cercanos y las robaban. Los campesinos fueron a quejarse a la prefectura y los esclavos recibieron orden de no salir de los asentamientos octopusianos, cosa que no les hizo la menor impresión. La fruta siguió desapareciendo de los huertos, y, con ella, hasta los huevos de los corrales. Entonces los campesinos, pertrechados de viejas escopetas, decidieron vigilar sus huertos ellos mismos y dispararon contra los ladrones. El asunto hubiera quedado como un incidente local, pero los campesinos estaban amargados porque les habían aumentado los impuestos y se había elevado el precio de las municiones; así que todo unido hizo nacer en ellos un odio mortal hacia los octopusianos y organizaron contra ellos expediciones punitivas en grupos armados. Cuando la multitud atacó y disparó sobre los esclavos en sus lugares de trabajo, los empresarios fueron a quejarse al superintendente George W. Khan, quien ordenó que las armas de los campesinos fueran confiscadas. Los campesinos trataron de oponerse, provocando conflictos con los gendarmes, a los que también empezaron a disparar. Solamente la llegada de refuerzos militares, que registraron toda la zona casa por casa, puso freno a los encendidos ánimos de los lugareños.

Por la misma época ocurrió, al margen de éste, otro incidente desagradable. En los alrededores de Alepanoli unos muchachos agredieron a un esclavo octopusiano que, de manera sospechosa, se había metido en un gallinero. Los chiquillos le rodearon y empezaron a apedrearle. El hombre herido abrió la mano y tiró al suelo algo parecido a un huevo. Se oyó una explosión y tres de los muchachos quedaron hechos pedazos y otros cinco fueron heridos de gravedad. La noticia se extendió rápidamente. Unas seiscientas personas llegaron en autobuses de todas partes y, armadas de escopetas, hoces y martillos, asaltaron la colonia octopusiana de la Bahía de Tarambana. Veinte esclavos fueron asesinados antes de que pudiera intervenir la policía para rechazar a la irritada multitud. Los zapadores de Mayabunder llegaron a toda prisa y construyeron una valla protectora con alambre de púas; pero al anochecer salieron los octopusianos, destrozaron las alambradas y se dispusieron a atacar Alepanoli. Camiones militares trajeron inmediatamente compañías de infantería con ametralladoras láser y un cordón de soldados se esforzó por separar a los esclavos de la gente normal. La masa enfurecida respondió incendiando las oficinas de recaudación de impuestos y colgando a uno de los inspectores de un farol. En algunas iglesias varios sacerdotes fueron abusados sexualmente porque la ley les exoneraba de tributar al erario público. La prensa hablaba con grandes titulares de una revolución. El gobierno local de Petrópolis, sin embargo, lo desmintió enérgicamente y, rebajando el alcance de los disturbios, aconsejó a las autoridades militares que usaran con precaución sus armas biológicas para que los yacimientos fósiles no se vieran afectados.

PERIODISTAS PIDIENDO VENGANZA

Masa enfurecida, contra toda Ortodoxia.
Los periódicos proponían expediciones de castigo, sometimiento por hambre, deportación o una cruzada contra las hordas octopusianas, una huelga general, la dimisión de George W. Khan, la detención de todos los contratistas que empleaban esclavos, la detención de los agitadores comunistas y muchas otras medidas de seguridad. Ante la perspectiva de que fuesen cerrados los puertos, las gentes empezaron a abastecerse febrilmente de productos alimenticios y, con ello, los precios de toda clase de mercancías aumentaron a una velocidad vertiginosa. En las ciudades industriales estalló una tormenta contra el aumento de precios y la Bolsa se cerró durante varios días, durante los cuales se llevaron a cabo más de 1.500 huelgas, con más de 400.000 huelguistas. A raíz de estos hechos el gobierno declaró el estado de excepción. Prácticamente todo el norte ortodoxo y la zona oriental de Persia quedaron en manos del jefe submongol, quien no dudó en declararse emperador de la nueva república independiente. Restituyó el orden social con mano dura, pero también implementó un nuevo sistema tributario basado en castas y recondujo el odio hacia el anterior gabinete que, desprovisto de recursos, no supo reaccionar a tiempo. Los esclavos octopusianos habían contribuido inesperadamente a la sublevación generalizada y, fruto de ello, un nuevo imperio se disputaba la hegemonía del mundo.

Dado el cariz que habían tomando los acontecimientos, el propio Xindansvinto se ofreció a colaborar con los planes de su amigo George sobre la base de los acuerdos de Chipiona, a cambio de que los esclavos quedaran libres y fueran repatriados a Octopus. De esta forma daba por amortizado un golpe de efecto que desestabilizaría al movimiento opositor de Cintruéñigo, que lo tachaba de corrupto y de atender exclusivamente a sus propios intereses. Juntos idearon la estrategia de repatriación. Las Oficinas de Octopus retiraron el permiso de residencia a 11.200 personas por considerar que suponían una carga exagerada para las arcas de la Seguridad Social, pese a que la mayoría se encontraba en régimen de esclavitud. Además, por cada doce octopusianos repatriados siete de ellos debían acometer labores de espionaje a las órdenes de George W. Khan como libertos afines a su causa. La Comisión Marciana, impulsada principalmente por Bretonia, Paranoia y Octopus, propuso crear un sistema temporal de cuotas para distribuir a los demandantes de asilo, así como un mecanismo para absorber a unos 20.000 refugiados dentro de su nueva estrategia sobre inmigración. El reparto de refugiados se basaría en una serie de criterios, en particular «el producto interior bruto, el tamaño de población y la tasa de paro». Sin embargo, aunque muchos de ellos eran prácticamente octopusianos, Xindansvinto consideró que aceptar 1.600 refugiados era demasiado y puso alguna objeción con el argumento de que el alto índice de desempleo en Octopus impediría ofrecer trabajo a esas personas. Más tarde encontraría una solución al problema migratorio aún más brillante.

COLABORADOR DE LA VÍSPERA, ENEMIGO DEL DÍA SIGUIENTE

El pequeño puerto de Troumanach.
Mientras tanto, los libertos comenzaron a actuar en células autónomas; pero, aunque estuvieran al servicio de la causa antiortodoxa, sus prácticas no siempre estaban bajo control submongol. Unos hombres decididos, armados con pistolas y bombas, saltaron a bordo de un torpedero anclado en el Puerto de Troumanach. La tripulación no ofreció resistencia y fue desarmada rápidamente. Luego se dirigieron a la cabina del comandante en donde entraron en tromba. Le hablaron rudamente: «Tu casta es de mala uva. Harás lo que digamos y nada más. El barco tendrá que servir a la revolución». No hubo la menor violencia; al contrario de los sucesos terriblemente aleccionadores que se produjeron en otros puertos militares, en donde jefes y oficiales de navíos de guerra fueron masacrados. La desgracia también se abatió sobre algunos poblados del interior, donde varios de sus habitantes perecieron, víctimas de una violenta razia. Cráneos fracturados, manos y brazos heridos en el intento de defenderse e, incluso, arpones incrustados entre las vértebras eran ejemplos de lo que los forenses encontrarían entre las ruinas calcinadas. Estas masacres mostraban hasta que punto marineros, campesinos y esclavos estaban hartos de soportar a jefes submongoles que a la primera ocasión se hubieran pasado al enemigo ortodoxo. A George W. Khan le comenzó a preocupar el hecho de que la colaboración de estas milicias podría aumentar las tensiones sectarias entre sus cuadros de mando y ordenó una represalia que el ejército se encargó de llevar a cabo con inusitada brutalidad en una operación secreta. No hubo supervivientes. Por supuesto, todo ocurrió con la aquiescencia de Xindansvinto, quien no solamente no tuvo el menor reparo en consentir que los barcos de refugiados fueran hundidos en alta mar, sino que redactó un decreto según el cual las muertes ocurridas en operaciones especiales como las repatriaciones en tiempos de conflicto armado constituían datos confidenciales. Con esta maniobra, por un lado conseguía presentarse como un héroe libertario en Octopus y como un fiel aliado de George W. Khan ante la prensa internacional; y, por otro, se libraba tanto de la farragosa gestión de la inmigración como de enemigos potenciales cuya capacidad para la revuelta ya había sido contrastada.

Las grandes matanzas, los aniquilamientos, permiten empezar de cero, reescribir la historia, tanto futura como pasada. Xindansvinto confesó en sus memorias que nunca tuvo el más mínimo remordimiento. «Todos los días me levanto, me meto bajo la ducha y me miro la espiral tatuada en mi panza, y eso me da fuerzas para el resto del día. Día tras día, me recuerda lo que tengo que hacer». Nadie lo sabe: ni existen pruebas, ni existirán nunca.

jueves, 21 de abril de 2016

El caos

Como su demagogia no tenía límites, las crónicas de sucesos no podían darle más pábulo aunque quisieran. La paradoja de la acumulación informativa es que más es menos. Sus intrigas palaciegas, negociaciones de despachos y trampas tributarias acababan por hacerse reiterativas. De tanto oír sus desmanes y abusos, ya no impresionaban. Más corrupción, más mentiras, más represión, más injusticias, no aumentaban la indignación, sino que la anestesiaban. La hartura provocaba siesta. Impertérrito, Xindansvinto tenía una habilidad... y la sabia costumbre de marcharse de las reuniones siempre el último.

martes, 1 de marzo de 2016

Cuarenta y cuatro

Anisakis de Shakira.
Contábase a ciencia cierta que empezaron a cocinar, en principio como inocente celebración de cumpleaños, cuando la civilización fue cercenada por un castigo celestial a causa de sus crímenes cometidos. Hasta entonces se lo comían crudo. Crecieron acostumbrados a coger los cangrejos que cundían en los caudalosos cauces, en la costa y a veces contra corriente, y criticaban de cretinos y cenutrios a cuantos desconfiaran de sus creencias culinarias. Curiosamente casi no se consumían crustáceos, que se comen las crías de anisakis sin crecer, y si los cazaban era para echárselos a los peces como cebo. Conocedores del ciclo completo del anisakis, no acusaban la cobardía de conformarse con sacarlos del pescado, sino que muchos cultivaban su corrupción en sus propios cuerpos caminantes para luego recolectar las heces bien cargadas de ricos anisakis. Nunca se cuestionaron los casos en los que, por tener un cangrejo dentro del cuerpo, ocasionalmente se enquistaba y comenzaba a crecer descontroladamente; con lo que luego había que crujirlo con una complicada operación en la que, como es de cajón, participaba un robot de rutenio, cuya cifra aclararemos que es el cuarenta y cuatro.

domingo, 21 de junio de 2015

martes, 2 de junio de 2015

Xindansvinto, ahí en eso

No toda la diáspora octopusiana era marciana. Algunos, de modo voluntario o forzado, habían cruzado el mar de América para trabajabar como esclavos en las costas orientales del Imperio Ortodoxo. Fueron estos últimos precisamente los que desencadenaron uno de las más abyectos desmanes de Xindansvinto en alianza con su homólogo submongol George W. Khan.

El carismático George W. Khan
creó un imperio dentro de otro.
Xindansvinto mantenía muy buenas relaciones personales con Fuentelisendo, sobre todo de índole económica. Oficialmente Castillos de Arriba y Octopus seguían con sus inveteradas disputas territoriales, pero parecía que la élite plutocrática de la histórica capital hubiera entendido que «de aquellos Corcos venían estos lodos» para abrazar los turbios negocios de Xindansvinto. El pueblo octopusiano ignoraba esta realidad, debido en parte a que los omnipresentes medios de comunicación conseguían embrollar las noticias con manipulaciones y primicias absurdas para no perder su cuota de mercado, dejando que las ideas, compromisos y valores cayeran en las garras de la publicidad y de los sondeos formadores de opinión. En Cintruéñigo, sin embargo, se estaba desarrollando un cierto clima social que, idealizando los estatutos de la ciudad, cuestionaba la república despótica y los chanchullos de Xindansvinto. No en vano, La Teja de Medianoche había servido de modelo normativo tanto en la Confederación de Pueblos Nómadas de Cintruéñigo como en la República Democrática de Cintruéñigo Oriental, una vez que estos territorios perdieron su vinculación a Octopus con el mapa que el Imperio Marciano impuso en Sextercius tras el armisticio de Tourmalet. Para desactivar este conato de rebeldía interna, a Xindansvinto le vino que ni pintado apelar al intervencionismo imperialista; aunque para ello tuviera que sacrificar a los suyos aliándose a un caudillo no menos arribista que él mismo.

Mientras tanto, en el otro extremo del mundo, George W. Khan aspiraba a liderar su propia república desgajada de Ortodoxia, pero precisaba de una intervención militar y una alianza marciana. Ambos gobernantes coincidían en que sólo ellos podían decir falsedades a enemigos y conciudadanos «en beneficio de la ciudad». Más allá de la retórica ciudadanista, había que integrar a la población sometida; esa bisagra humana era necesaria y la estrategia era crear lealtades que participasen activamente cuando fuera preciso. Xindansvinto lo llamaba «acción política».

En el Imperio Ortodoxo las colonias octopusianas eran administradas por la Sociedad de Protección Inmigrante y Aborigen (SPIA) hasta febrero de 1995, cuando el control fue transferido al Gobierno y se nombró un superintendente, George W. Khan, quien ordenaba y reportaba el protectorado inmigrante y la jefatura de los clanes aborígenes. En vista de la diversidad étnica, religiosa y tribal, George W. Khan insistió en que toda lealtad debía dedicarse a él y a nadie más. Aunque esperaba la obediencia de los más pobres hacia los más ricos, no tenía reparo en eliminar a unos y a otros si fuera preciso. El procedimiento quedó bien descrito en la circular del 12 de mayo de 1998: «Si bien hay hábitos y costumbres a respetar, también hay odios y rivalidades que hay que saber desentrañar y utilizar en nuestro provecho, oponiendo a los unos contra los otros, apoyándonos en unos para mejor vencer a los otros». Con bastante maquiavelismo táctico, estableció un audaz mecanismo de control social mediante una intrincada red clientelar que implicaba a colaboradores e infiltrados, mercenarios y militares, funcionarios y amigos, criados e informantes. El espectáculo era a la vez horroroso y ridículo: un mundo de intrusos y de delatores que integraban una cultura mimética que se espiaba a sí misma a través de una guerra de soplones y cuyos miembros se imitaban entre sí los peinados a tope de pelo y hablaban sobre los efectos persuasivos de las consignas que empleaban durante reuniones informativas que organizaban con grupos de base. La amistad se recompensaba y la cantidad que se desembolsaba con ese propósito fue incrementándose en los años siguientes, lo que hacía aumentar los impuestos entorpeciendo la capacidad de decisión de las asambleas territoriales y la efectividad de la legislación consuetudinaria.

El imperio. Marte y Persia al oeste,
Siberia al norte y Ortodoxia al sur.
En 1999 George W. Khan volvió a hacer gala de su indiscutible carisma cuando estableció un pacto de no agresión con la emperatriz siberiana Seibiunouva Majavi, merced al cual se le otorgaban amplias licencias en materia fronteriza, y en 2003 impuso su jefatura desde el sur de Mongolia hasta el istmo central de Ortodoxia invadiendo algunos territorios orientales de Persia. Para hacerse cargo de la penetración política disponía de la Oficina de Tropas y Asuntos Normales, institución que tenía tres objetivos principales: reclutar tropas indígenas y alienígenas para el nuevo ejército submongol, gobernar los territorios ocupados y anexionar otros nuevos. El 11 de marzo de 2007 acudió a Chipiona para firmar un acuerdo con los jefes marcianos de Bretonia, Paranoia y Octopus. Fruto del acuerdo con Xindansvinto, todas las colonias octopusianas abrieron sucursales de la OTAN con el nombre de Octopus Offices; las cuales, más adelante, acabarían implantándose en Cientruéñigo y en las grandes ciudades de Octopus, si bien readecuando y ampliando sus funciones burocráticas.

En 2016, cuando estalló el conflicto, George W. Khan supo aprovecharse de la coyuntura, azuzando las rencillas en unos casos y sofocando las disputas en otros. Asimismo, invocó el artículo 5 del tratado de Chipiona reivindicando la ayuda marciana en su defensa y el ejército comenzó a utilizar la alta tecnología de la Nerd Space Admiration en los sistemas de videovigilancia por satélite, provocando casos de insolación al focalizar sus pantallas reflectantes en los núcleos de población.

viernes, 22 de mayo de 2015

Octopus 2014-2033, crónica de un colapso

Michael Joker nació en Bath en 1968. Historiador de formación, durante muchos años ejerció el periodismo. Entre 2000 y 2033, casi de forma ininterrumpida, vivió en Octopus, en donde cubrió los primeros efectos de la crisis financiera, la guerra civil de 2016, la abdicación de Xindansvinto, el gobierno tecnócrata subsiguiente y el colapso final del país. Falleció en Argentina en 2034, a consecuencia de la contaminación radioactiva, antes de que se publicara la segunda de las veinte ediciones de su obra Historia de Octopus, 2014-2033. Crónica de un colapso.

Este libro es una de las pocas obras que se interesan por los turbulentos años que mediaron entre el milagro económico y una crisis sin fondo que condujo, en el decenio de 2030, al colapso —uno más— en un país de la periferia marciana. Constituye un clarificador relato de los cuatro procesos principales que están en el origen de ese colapso: una crisis social agudísima, el asentamiento de prácticas dictatoriales, las consecuencias indelebles del cambio climático y el encarecimiento incontenible de las materias primas energéticas. E ilustra a la perfección la insolidaridad de quienes, recién iniciado el siglo XXI, prefirieron ignorar la corrosión terminal del capitalismo y dejaron dramáticamente en el olvido los derechos de las generaciones futuras.

miércoles, 14 de enero de 2015

Chilanga banda



Ya chole, chango chilango,
qué chafa chamba te chutas,
no checa andar de tacuche
y chale con la charola.

Tan choncho como una chinche,
más chueco que la fayuca,
con fusca y con cachiporra
te pasa andar de guarura.

Mejor yo me echo una chela
y chance enchufo una chava,
chambeando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.

Si choco saco chipote,
la chota no es muy molacha,
chiveando a los que machucan
se va en morder su talacha.

De noche caigo al congal,
no manches dice la changa,
al choro del teporocho
enchifla pasa la pacha.

Pachucos, cholos y chundos,
chichinflas y malafachas,
acá los chómpiras rifan
y bailan tíbiri tábara.

Mejor yo me echo una chela
y chance enchufo una chava,
chambeando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.

Mi ñero mata la bacha
y canta la cucaracha,
su choya vive de chochos,
de chemo, churro y garnachas.

Pachucos, cholos y chundos,
chichinflas y malafachas,
acá los chómpiras rifan
y bailan tíbiri tábara.

Transando de arriba abajo
ahí va la chilanga banda,
chinchín si me la recuerdan,
carcacha y se les retacha.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cartografías para una arqueología del futuro

La geografía no ha sido nunca una actividad inocente, a pesar de su apariencia de simple descripción del espacio físico. Los mapas se han hecho siempre al servicio de intereses bien concretos, aunque oculten sus objetivos. Se exponen o se plasman algunas cosas, pero se esconden o disimulan otras, por no hablar de las que se desfiguran o se inventan, de tal modo que los mapas son como palimpsestos en que el poder reelabora las viejas representaciones. El poder traza su propia cartografía. De ahí que en cada mapa, aparte de la actualidad, se incluya el pasado. Y sobre todo el futuro.

En principio, cada contexto sociohistórico podría tener sus mapas, sus abanicos de posibilidades, sus horizontes de expectativas; en definitiva, su pléyade de murmullos anónimos en los que se dice el sentido de lo que pasa. La afirmación de que una determinada interpretación de la realidad no puede ser más que verdad o mentira, constituye un pálido reflejo de una realidad abigarrada en la que verdad y mentira no precisan, necesariamente, de una mutua exclusión. Sin embargo, acostumbramos a pensar en términos de exclusividad, de confrontación de opuestos, de dicotomías.

El cartógrafo, generalmente, trabaja para un poder. El delineante de mapas, como sujeto social, tiene una intención política y difícilmente puede ser objetivo e imparcial, ya que la cartografía, además de brindar un testimonio, aspira a modelar y prefigurar la realidad. Ha sido la geografía, entre otras ciencias, la abanderada del imperialismo. La confección de mapas se usa para visualizar el espacio colonizable y legitimar la apropiación de esos territorios. La geografía sirve sobre todo para hacer la guerra y, con ella, la segregación.

En su sentido geográfico, la segregación indica la desigual distribución de los grupos de población en un espacio físico determinado. Esta construcción social del espacio traduce diferencias sociales, como claro reflejo de la jerarquía en grupos heterogéneos. Al vencedor no le basta con la victoria. Sabe que no puede confiar ni en las palabras ni en los silencios del vencido, pues siempre estará ante una representación que él mismo ha impuesto.

Así pues, en Octopus hay que diferenciar hasta cuatro grupos de pobladores: las tribus primitivas que vivían antes de la invasión marciana, los esclavos alienígenas que se quedaron a vivir, los soldados y señores que les transportaron desde ultramar sin establecerse permanentemente, y los descendientes de la diáspora que retornaron a raíz de las sucesivas insurrecciones culminadas en 1847 con la declaración de independencia.

Rosa de Octopus.
La adaptación y evolución de los dos primeros grupos acaecida en los siglos venideros tipificó la personalidad octopusiana, cuya huella quedó en la arqueología, en los documentos, en la lingüística y en el territorio, así como en aspectos de la vida cotidiana, como sus actividades productivas, reproductivas, asentamientos, demografía, estructuras de poder, normas matrimoniales, orden jurídico y etnoastronomía. Aspectos que, a medida que se asentaron los conocimientos geográficos, fueron simbolizados con la creación de la Rosa de Octopus, dejando atrás los mitos.

Sobre esta última cuestión se apunta que el culto astral les conminó a construir, orientar y alinear emplazamientos para establecer sus calendarios, organizarse y transmitir su conocimiento a las siguientes generaciones mediante la experiencia y la tradición oral. Hasta mediados del siglo XIX, en que afloraron nuevos ritos provenientes de la diáspora, estas tradiciones paganas convivieron con el culto vudú de los esclavos y el catolicismo de los grandes señores. Sin embargo, el joven obispo Sebastian Maniscalco fue mandado al exilio por el califa Mameluco en el año 484 acusado de herejía y regresó de Theveste ya anciano como asesor de Cosroes Parwiz. Maniscalco propuso proyectar la Rosa de Octopus sobre la superficie de los mapas, pero aún faltarían otras muchas innovaciones cartográficas para poder representar dentro de un mismo plano las ocho dimensiones.