viernes, 7 de noviembre de 2014

Cartografías para una arqueología del futuro

La geografía no ha sido nunca una actividad inocente, a pesar de su apariencia de simple descripción del espacio físico. Los mapas se han hecho siempre al servicio de intereses bien concretos, aunque oculten sus objetivos. Se exponen o se plasman algunas cosas, pero se esconden o disimulan otras, por no hablar de las que se desfiguran o se inventan, de tal modo que los mapas son como palimpsestos en que el poder reelabora las viejas representaciones. El poder traza su propia cartografía. De ahí que en cada mapa, aparte de la actualidad, se incluya el pasado. Y sobre todo el futuro.

En principio, cada contexto sociohistórico podría tener sus mapas, sus abanicos de posibilidades, sus horizontes de expectativas; en definitiva, su pléyade de murmullos anónimos en los que se dice el sentido de lo que pasa. La afirmación de que una determinada interpretación de la realidad no puede ser más que verdad o mentira, constituye un pálido reflejo de una realidad abigarrada en la que verdad y mentira no precisan, necesariamente, de una mutua exclusión. Sin embargo, acostumbramos a pensar en términos de exclusividad, de confrontación de opuestos, de dicotomías.

El cartógrafo, generalmente, trabaja para un poder. El delineante de mapas, como sujeto social, tiene una intención política y difícilmente puede ser objetivo e imparcial, ya que la cartografía, además de brindar un testimonio, aspira a modelar y prefigurar la realidad. Ha sido la geografía, entre otras ciencias, la abanderada del imperialismo. La confección de mapas se usa para visualizar el espacio colonizable y legitimar la apropiación de esos territorios. La geografía sirve sobre todo para hacer la guerra y, con ella, la segregación.

En su sentido geográfico, la segregación indica la desigual distribución de los grupos de población en un espacio físico determinado. Esta construcción social del espacio traduce diferencias sociales, como claro reflejo de la jerarquía en grupos heterogéneos. Al vencedor no le basta con la victoria. Sabe que no puede confiar ni en las palabras ni en los silencios del vencido, pues siempre estará ante una representación que él mismo ha impuesto.

Así pues, en Octopus hay que diferenciar hasta cuatro grupos de pobladores: las tribus primitivas que vivían antes de la invasión marciana, los esclavos alienígenas que se quedaron a vivir, los soldados y señores que les transportaron desde ultramar sin establecerse permanentemente, y los descendientes de la diáspora que retornaron a raíz de las sucesivas insurrecciones culminadas en 1847 con la declaración de independencia.

Rosa de Octopus.
La adaptación y evolución de los dos primeros grupos acaecida en los siglos venideros tipificó la personalidad octopusiana, cuya huella quedó en la arqueología, en los documentos, en la lingüística y en el territorio, así como en aspectos de la vida cotidiana, como sus actividades productivas, reproductivas, asentamientos, demografía, estructuras de poder, normas matrimoniales, orden jurídico y etnoastronomía. Aspectos que, a medida que se asentaron los conocimientos geográficos, fueron simbolizados con la creación de la Rosa de Octopus, dejando atrás los mitos.

Sobre esta última cuestión se apunta que el culto astral les conminó a construir, orientar y alinear emplazamientos para establecer sus calendarios, organizarse y transmitir su conocimiento a las siguientes generaciones mediante la experiencia y la tradición oral. Hasta mediados del siglo XIX, en que afloraron nuevos ritos provenientes de la diáspora, estas tradiciones paganas convivieron con el culto vudú de los esclavos y el catolicismo de los grandes señores. Sin embargo, el joven obispo Sebastian Maniscalco fue mandado al exilio por el califa Mameluco en el año 484 acusado de herejía y regresó de Theveste ya anciano como asesor de Cosroes Parwiz. Maniscalco propuso proyectar la Rosa de Octopus sobre la superficie de los mapas, pero aún faltarían otras muchas innovaciones cartográficas para poder representar dentro de un mismo plano las ocho dimensiones.

8 comentarios:

  1. me ofrezco para unos mapitas nuevos, si el rey quiere...

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  2. Una cartografía del reino de los cielos, será.

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  3. Entre escribir la historia y ahora también dedicarse a la geografía, esta raza particular, ¿cómo se llaman?, los vencedores, se las pasan con las manos llenas y el tiempo ocupado. No sé cómo hacen para además diseñar estrategias de expansión. Me pregunto si me concederán una entrevista...

    Abrazos.

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  4. Digamos que la única estrategia de esta raza es la dominación total, sin límite, y de ahí su afán por marcar fronteras para los vencidos...

    Si lo desea, nuestros escribas le concertarán una entrevista con mucho gusto. Salud.

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  5. Seguro que se te escapó uno de tus cartógrafos y me dejó esto hace un tiempo en mi blog. Fijate si es de los tuyos:

    http://www.proyectoazucar.com.ar/2012/08/cartografo.html

    J.

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  6. La entrevista es simple y consta de una sola pregunta:

    Con una política de expansión tan agresiva, ¿cómo controla el gobierno a los ya conquistados? ¿Tiene un plan de contingencia para tratar con los disidentes?

    Saludos :)

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  7. Me gustó este relato, es creativo.
    Un abrazo.
    HD

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  8. José A. García: Un cartógrafo excepcional, sin duda; sabedor del origen de las falacias, acreedor de los humos del poder. Por eso, precisamente, se nos escapó. Suerte.

    Taty: Los conquistados son siempre necesarios, pero nosotros somos contingentes. Cualquier plan de dominio es siempre desastroso; por eso mismo, a la larga todos funcionan. Saludos.

    Humberto Dib: La creatividad es una amalgama ciertamente imprecisa. Nos felicitamos por su gusto. Un abrazo saludable.

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