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viernes, 27 de octubre de 2017

¡Es la guerra, traed madera!

En la radio también hay un perro, y el perro guau guau, el gato miao miao, la paloma
ruu, el pavo glú glú glú, el gallo cocorocó, la gallina coo y el pollito pío, el pollito pío...
Golpe de Estado, ley colonial, virreinato, estado de excepción, presos políticos, represión, censura, gobierno de la minoría, parlamento títere, restauración reaccionaria, fin de las autonomías regionales. Todos y cada uno de esos términos expresaban verazmente las políticas del Imperio Marciano sobre las aspiraciones de sus pueblos, así como su visión sobre la democracia, el pluralismo o la monarquía. Desde el Reino del Castillo el furor recentralizador del joven Felipe de Sextercius, con su duro discurso apelando a los valores sempiternos y las instituciones irremplazables, instigó la organización de marchas multitudinarias bajo el lema «Todos somos Corcos» en las que sus seguidores usaban paños en sus estandartes e himnos propios para no reconocer los octopusianos, por lo que la prensa afín comenzó a denominarles con el metaplasmo de pañistanistas.

La Internacional Cintrueñiguista, auspiciada por el doctor Corcóstegui, a la sazón heredero del linaje de Corcos, abogaba por una unidad territorial asimétrica y heterodoxa en torno a los particulares estatutos de Cintruéñigo; una idea que, a pesar de que tan solo cuajó en la República Democrática de Cintruéñigo Oriental, hizo proliferar Comités Cintrueñiguistas constituidos pueblo a pueblo y barrio a barrio, siendo especialmente activos los de Matiko, Guadalupe, Omsk, Campo Lameiro, Peñafiel y Chihuahua, si bien tuvieron siempre en su contra la presión ejercida desde los sectores pañistanistas, muy influenciados por la propaganda francófona en auge en todo el Imperio Marciano. Desde la Confederación de Pueblos Nómadas de Cintruéñigo, en cambio, tras el inicial entusiasmo con que acogieron sus propuestas, pronto se tildó de reformista a este movimiento y de sospechosa cercanía a las tesis hegemónicas octopusianas que pretendían «hacer Octopus grande de nuevo», por lo que prefirieron seguir su proceso revolucionario que básicamente consistía en defender y reafirmar sus inveteradas costumbres de trueque y nomadismo en un sistema transparente y participativo y una economía que sustituyera el beneficio privado por el bien común. El Reino de Alicia, que hasta entonces se había mantenido en un discreto segundo plano, realizó una pinza con el Gran Lucero contra la Confederación y comenzó a acusar a los pueblos nómadas del norte de propagar el fuego que asolaba sus bosques, mientras que el recién escindido Lucero del Oeste se anexionaba definitivamente los territorios del sur y trasladaba su capital a Mulhacén, en el departamento confederal de Fruiz. El propio Reino del Castillo se partió en dos ante la imposibilidad de unificar el diseño corporativo de sus estandartes entre los partidarios del águila imperial y los del pollito amarillo, dando lugar al Reino de Arriba y el Reino de Abajo. Sin embargo, la dimensión y la crudeza del golpe autoritario dado por el Gobierno de Sextercius cambió todas las reglas del inestable juego político en beneficio del régimen marciano.

Cataria no aceptó la solución del Imperio en el conflicto de Tourmalet, por lo que declaró unilateralmente su segregación de Sextercius. No en vano anteriormente ya se había emancipado de Octopus primero y de Cintruéñigo Oriental después, y sus relaciones con los otrora Reino del Castillo y Gran Lucero nunca brillaron por su reciprocidad. No obstante, las autoridades catarinas aseguraron estar dispuestas a enviar una delegación diplomática a Fuentelisendo para iniciar conversaciones serias, recalcando en sus misivas que «la continuación de las humillaciones no lleva a ninguna de las partes a la victoria, sino que llevará al país hacia el caos, afectando a todos los aspectos de la vida». La respuesta no se hizo esperar y el Gobierno de Sextercius realizó su propia oferta de diálogo fletando varias naves que arribaron en Cataria con una delegación de miles de efectivos.

La Guardia Imperial tomó el control de los colegios, las telecomunicaciones y los medios de comunicación bajo el agumento de garantizar la «transmisión de una información veraz, objetiva y equilibrada» así como un mapa meteorológico adaptado a las necesidades turísticas del Imperio. Asimismo, se intervino la gestión y recaudación de los tributos, se cesó al completo el gobierno catarino y se encarceló a sus miembros, el legislativo pasó a ser absolutamente controlado por el senado marciano y se prohibieron las organizaciones separatistas, cintrueñiguistas u octopusianas que operaran en Cataria. Otra de las medidas fue ilegalizar los partidos de fútbol. El General Tristeza sacó a pasear a sus polluelos armados: «Son solo unos hilillos de suspensión de autonomía para recuperar la normalidad, la tolerancia, la concordia y la buena convivencia». Miles de personas convocadas por la Internacional Cintrueñiguista, la Asamblea Catarina del Puño Cerrado y la Liga Catarina Revolucionaria, que acababan de ser ilegalizadas, salieron a las calles a divertirse. Las Juventudes Cintrueñiguistas aprovecharon la ocasión para difundir unos panfletos de agitación y propaganda inspirados en los estatutos de La Teja de Medianoche:

«¡Catarinas y catarinos, cuatrisílabos todos! ¡Dejad lo que tengáis entre manos y echaos a las calles! ¡Vamos! ¿Acaso no habéis escuchado el aullido del cuerno en Trastámara? ¿es que no habéis visto brillar las hogueras en las cumbres de Provenza? Los vigías han oteado a las columnas “Aburrimiento”, “Mal Humor” y “Desgana” del General Tristeza marchar sobre Tethys, con la aviesa intención de sitiarla. ¡Y por las enaguas de Don Terencio, que si quieren guerra la han de tener! Todas las hijas e hijos de Cintruéñigo en edad de divertirse serán reclutados sin excepción, desde Octopus a la Atlántida, quedando establecida dicha edad entre los cero y los ciento cuarenta y ocho años. Bienvenidas serán las Brigadas Internacionales, que serán instruidas con regocijo en nuestras experimentadas tácticas de celebración y disfrute. Será la nuestra una guerra recordada con admiración por las generaciones venideras. Atronará sin tregua nuestra artillería de cuchufletas y fuegos multicolores. Será el vino de nuestras copas al brindar la única sangre que derramemos. Ríos de lágrimas, sólo de alegría y emoción, desbordarán inundando desde Ampurias a Cefalonia. ¡Que tiemblen el General Tristeza y sus esbirros! ¡tenemos escuadrones de gigantes invencibles, cabezudos armados con vejigas y un Gargantua hambriento! ¡que desistan de enviar saboteadores en forma de agresores, pues serán pasto de los voraces mubles! ¡Catarinas y catarinos, cuatrisílabos todos! ¡alzaos como los brazos de Marijaia! ¡que estalle la alegría! ¡ni un paso atrás, a no ser que así lo indique el baile! ¡y haced el amor! ¡haced mucho el amor, pues así ha de ser nuestra guerra!»

sábado, 4 de febrero de 2017

El legado de Herculo

La primera batalla de Tourmalet se remonta a 1847, cuando un puñado de valientes, entre los cuales sobresalían el heroico Gumerxindo Saraiva y su adlátere Herculo, declararon la sublevación de los pueblos de Octopus contra el Imperio Marciano, incidiendo significativamente en la redefinición de otras regiones de Sextercius que añadieron a su nombre el de Cintruéñigo.

En su permanente litigio contra el Reino del Castillo por la disputada estirpe de Corcos, Saraiva llevó al máximo grado su indiscutible liderazgo hasta que en 1910 el conspirador Henri Desgrange ordenó su asesinato en una emboscada. Herculo vengó la muerte de su amigo degollando a Desgrange antes de que tomara el poder, lo que desencadenó una despiadada carnicería en la mítica cumbre del mal retorno. Luchadores como Redondo Contador y Picudo Delgado destacarían en su destreza con el puñal, convirtiéndose en sus lugartenientes.

Con la firma del armisticio que detuvo la cruel batalla a puñaladas, la nueva demarcación territorial de Sextercius dividiría el mapa basándose en prejuicios meteorológicos, pero sin criterio climatológico alguno, con la vaga excusa del sistema sexagesimal vigente. Además se promulgó la deportación de Herculo que, seguro de sus conocimientos en astrología y papiroflexia, embarcó junto a sus dos camaradas en una trepidante expedición en busca de la genealogía de Corcos, lo que les deparó innumerables aventuras.

La tripulación fue reclutada entre afines aunque no hubieran participado en la histórica gesta. Fue el caso del joven oficial Federico Temeto, quien acabaría reemplazando a un nefasto capitán alcoholizado cuando este cayó por la borda en el transcurso de una fuerte tormenta. En otra ocasión, el embate de las olas hizo zozobrar el navío con tal ímpetu que, a pesar de las hábiles maniobras de Temeto, la nave quedó encallada en una inhóspita isla regida por Bárbaro Oreste, cuyo celo por sus concubinas provocó la expulsión de los naúfragos tras una monumental bronca con el pretencioso capitán.

Al regreso de sus viajes por el mundo, Temeto lideró diversas incursiones bélicas. En 1954 organizó sendos levantamientos en Tourmalet y Cintruéñigo propugnando la presidencia de Tiberio Dansvinto, a quien veía como un jefe honesto; pero, cuando este accedió al poder en 1957 y quedó patente su autoritarismo, Temeto le repudió, volviendo a las armas en 1959 y de nuevo en 1964, esta vez junto a Longino Lalanza, a quien cedió el testigo.

En 1974, con Xindansvinto en el poder, Danguillaume aplastó una revuelta encabezada por Lalanza, quien en la retaguardia reorganizaría una guerrilla insurgente luego conocida como las Huestes de Herculo. Por supuesto, este nombre no rememoraba al Herculo que luchó en Tourmalet ni al Herculo que rastreó los orígenes de Corcos, sino a un Herculo tamizado e idealizado convenientemente a través de la propaganda clandestina del desertor y poeta Filippo Pozzato. En 1985 las Huestes de Herculo se hicieron con el control de Luz Ardiden, siendo ejecutado en la trifulca Bernard Hinault, mano derecha de Danguillaume.

Herculo, por su parte, tras separarse de su joven capitán se asentó en Patagonia Moái, donde se casó y tuvo cuatro hijos. Su felicidad y riqueza llegaban al cénit cuando cometió diversos deslices. Por un lado, olvidó completamente su inicial propósito investigador dejándose influenciar por la nube telepática. También se dice que robó el néctar de ambrosías de los dioses para compartirlo con sus amigos, pero que al probarlo estos entraron en una especie de letargo que se prolongó durante años. Herculo dispuso en su palacio estancias en las que pudieran descansar. Con el tiempo se quedó prendado de una princesa y, al pasar por el lecho donde dormía, aprovechaba para violarla, dejándola preñada y detonando una serie de equívocos cuyo punto más retorcido lo protagonizó su celosa esposa dando caza a los hijos bastardos de su marido para cocerlos, adobarlos y servírselos a escondidas entre las carnes de su cena. Todo para acabar diciendo con sorna al comensal durante el banquete que aquellos manjares que masticaban sus dientes eran, sin duda alguna, de su propiedad. Comida, crueldad y drama, todo muy octopusiano.

domingo, 1 de mayo de 2016

La insurrección de los moros en la costa

En Repanocha, una de las zonas costeras más pobladas de Ortodoxia, los esclavos octopusianos sentían gran predilección por las manzanas; pero como sus contratistas no querían añadirlas a la dieta acostumbrada, alegando que aumentaban considerablemente el presupuesto establecido, organizaban expediciones a los huertos cercanos y las robaban. Los campesinos fueron a quejarse a la prefectura y los esclavos recibieron orden de no salir de los asentamientos octopusianos, cosa que no les hizo la menor impresión. La fruta siguió desapareciendo de los huertos, y, con ella, hasta los huevos de los corrales. Entonces los campesinos, pertrechados de viejas escopetas, decidieron vigilar sus huertos ellos mismos y dispararon contra los ladrones. El asunto hubiera quedado como un incidente local, pero los campesinos estaban amargados porque les habían aumentado los impuestos y se había elevado el precio de las municiones; así que todo unido hizo nacer en ellos un odio mortal hacia los octopusianos y organizaron contra ellos expediciones punitivas en grupos armados. Cuando la multitud atacó y disparó sobre los esclavos en sus lugares de trabajo, los empresarios fueron a quejarse al superintendente George W. Khan, quien ordenó que las armas de los campesinos fueran confiscadas. Los campesinos trataron de oponerse, provocando conflictos con los gendarmes, a los que también empezaron a disparar. Solamente la llegada de refuerzos militares, que registraron toda la zona casa por casa, puso freno a los encendidos ánimos de los lugareños.

Por la misma época ocurrió, al margen de éste, otro incidente desagradable. En los alrededores de Alepanoli unos muchachos agredieron a un esclavo octopusiano que, de manera sospechosa, se había metido en un gallinero. Los chiquillos le rodearon y empezaron a apedrearle. El hombre herido abrió la mano y tiró al suelo algo parecido a un huevo. Se oyó una explosión y tres de los muchachos quedaron hechos pedazos y otros cinco fueron heridos de gravedad. La noticia se extendió rápidamente. Unas seiscientas personas llegaron en autobuses de todas partes y, armadas de escopetas, hoces y martillos, asaltaron la colonia octopusiana de la Bahía de Tarambana. Veinte esclavos fueron asesinados antes de que pudiera intervenir la policía para rechazar a la irritada multitud. Los zapadores de Mayabunder llegaron a toda prisa y construyeron una valla protectora con alambre de púas; pero al anochecer salieron los octopusianos, destrozaron las alambradas y se dispusieron a atacar Alepanoli. Camiones militares trajeron inmediatamente compañías de infantería con ametralladoras láser y un cordón de soldados se esforzó por separar a los esclavos de la gente normal. La masa enfurecida respondió incendiando las oficinas de recaudación de impuestos y colgando a uno de los inspectores de un farol. En algunas iglesias varios sacerdotes fueron abusados sexualmente porque la ley les exoneraba de tributar al erario público. La prensa hablaba con grandes titulares de una revolución. El gobierno local de Petrópolis, sin embargo, lo desmintió enérgicamente y, rebajando el alcance de los disturbios, aconsejó a las autoridades militares que usaran con precaución sus armas biológicas para que los yacimientos fósiles no se vieran afectados.

PERIODISTAS PIDIENDO VENGANZA

Masa enfurecida, contra toda Ortodoxia.
Los periódicos proponían expediciones de castigo, sometimiento por hambre, deportación o una cruzada contra las hordas octopusianas, una huelga general, la dimisión de George W. Khan, la detención de todos los contratistas que empleaban esclavos, la detención de los agitadores comunistas y muchas otras medidas de seguridad. Ante la perspectiva de que fuesen cerrados los puertos, las gentes empezaron a abastecerse febrilmente de productos alimenticios y, con ello, los precios de toda clase de mercancías aumentaron a una velocidad vertiginosa. En las ciudades industriales estalló una tormenta contra el aumento de precios y la Bolsa se cerró durante varios días, durante los cuales se llevaron a cabo más de 1.500 huelgas, con más de 400.000 huelguistas. A raíz de estos hechos el gobierno declaró el estado de excepción. Prácticamente todo el norte ortodoxo y la zona oriental de Persia quedaron en manos del jefe submongol, quien no dudó en declararse emperador de la nueva república independiente. Restituyó el orden social con mano dura, pero también implementó un nuevo sistema tributario basado en castas y recondujo el odio hacia el anterior gabinete que, desprovisto de recursos, no supo reaccionar a tiempo. Los esclavos octopusianos habían contribuido inesperadamente a la sublevación generalizada y, fruto de ello, un nuevo imperio se disputaba la hegemonía del mundo.

Dado el cariz que habían tomando los acontecimientos, el propio Xindansvinto se ofreció a colaborar con los planes de su amigo George sobre la base de los acuerdos de Chipiona, a cambio de que los esclavos quedaran libres y fueran repatriados a Octopus. De esta forma daba por amortizado un golpe de efecto que desestabilizaría al movimiento opositor de Cintruéñigo, que lo tachaba de corrupto y de atender exclusivamente a sus propios intereses. Juntos idearon la estrategia de repatriación. Las Oficinas de Octopus retiraron el permiso de residencia a 11.200 personas por considerar que suponían una carga exagerada para las arcas de la Seguridad Social, pese a que la mayoría se encontraba en régimen de esclavitud. Además, por cada doce octopusianos repatriados siete de ellos debían acometer labores de espionaje a las órdenes de George W. Khan como libertos afines a su causa. La Comisión Marciana, impulsada principalmente por Bretonia, Paranoia y Octopus, propuso crear un sistema temporal de cuotas para distribuir a los demandantes de asilo, así como un mecanismo para absorber a unos 20.000 refugiados dentro de su nueva estrategia sobre inmigración. El reparto de refugiados se basaría en una serie de criterios, en particular «el producto interior bruto, el tamaño de población y la tasa de paro». Sin embargo, aunque muchos de ellos eran prácticamente octopusianos, Xindansvinto consideró que aceptar 1.600 refugiados era demasiado y puso alguna objeción con el argumento de que el alto índice de desempleo en Octopus impediría ofrecer trabajo a esas personas. Más tarde encontraría una solución al problema migratorio aún más brillante.

COLABORADOR DE LA VÍSPERA, ENEMIGO DEL DÍA SIGUIENTE

El pequeño puerto de Troumanach.
Mientras tanto, los libertos comenzaron a actuar en células autónomas; pero, aunque estuvieran al servicio de la causa antiortodoxa, sus prácticas no siempre estaban bajo control submongol. Unos hombres decididos, armados con pistolas y bombas, saltaron a bordo de un torpedero anclado en el Puerto de Troumanach. La tripulación no ofreció resistencia y fue desarmada rápidamente. Luego se dirigieron a la cabina del comandante en donde entraron en tromba. Le hablaron rudamente: «Tu casta es de mala uva. Harás lo que digamos y nada más. El barco tendrá que servir a la revolución». No hubo la menor violencia; al contrario de los sucesos terriblemente aleccionadores que se produjeron en otros puertos militares, en donde jefes y oficiales de navíos de guerra fueron masacrados. La desgracia también se abatió sobre algunos poblados del interior, donde varios de sus habitantes perecieron, víctimas de una violenta razia. Cráneos fracturados, manos y brazos heridos en el intento de defenderse e, incluso, arpones incrustados entre las vértebras eran ejemplos de lo que los forenses encontrarían entre las ruinas calcinadas. Estas masacres mostraban hasta que punto marineros, campesinos y esclavos estaban hartos de soportar a jefes submongoles que a la primera ocasión se hubieran pasado al enemigo ortodoxo. A George W. Khan le comenzó a preocupar el hecho de que la colaboración de estas milicias podría aumentar las tensiones sectarias entre sus cuadros de mando y ordenó una represalia que el ejército se encargó de llevar a cabo con inusitada brutalidad en una operación secreta. No hubo supervivientes. Por supuesto, todo ocurrió con la aquiescencia de Xindansvinto, quien no solamente no tuvo el menor reparo en consentir que los barcos de refugiados fueran hundidos en alta mar, sino que redactó un decreto según el cual las muertes ocurridas en operaciones especiales como las repatriaciones en tiempos de conflicto armado constituían datos confidenciales. Con esta maniobra, por un lado conseguía presentarse como un héroe libertario en Octopus y como un fiel aliado de George W. Khan ante la prensa internacional; y, por otro, se libraba tanto de la farragosa gestión de la inmigración como de enemigos potenciales cuya capacidad para la revuelta ya había sido contrastada.

Las grandes matanzas, los aniquilamientos, permiten empezar de cero, reescribir la historia, tanto futura como pasada. Xindansvinto confesó en sus memorias que nunca tuvo el más mínimo remordimiento. «Todos los días me levanto, me meto bajo la ducha y me miro la espiral tatuada en mi panza, y eso me da fuerzas para el resto del día. Día tras día, me recuerda lo que tengo que hacer». Nadie lo sabe: ni existen pruebas, ni existirán nunca.

martes, 2 de junio de 2015

Xindansvinto, ahí en eso

No toda la diáspora octopusiana era marciana. Algunos, de modo voluntario o forzado, habían cruzado el mar de América para trabajabar como esclavos en las costas orientales del Imperio Ortodoxo. Fueron estos últimos precisamente los que desencadenaron uno de las más abyectos desmanes de Xindansvinto en alianza con su homólogo submongol George W. Khan.

El carismático George W. Khan
creó un imperio dentro de otro.
Xindansvinto mantenía muy buenas relaciones personales con Fuentelisendo, sobre todo de índole económica. Oficialmente Castillos de Arriba y Octopus seguían con sus inveteradas disputas territoriales, pero parecía que la élite plutocrática de la histórica capital hubiera entendido que «de aquellos Corcos venían estos lodos» para abrazar los turbios negocios de Xindansvinto. El pueblo octopusiano ignoraba esta realidad, debido en parte a que los omnipresentes medios de comunicación conseguían embrollar las noticias con manipulaciones y primicias absurdas para no perder su cuota de mercado, dejando que las ideas, compromisos y valores cayeran en las garras de la publicidad y de los sondeos formadores de opinión. En Cintruéñigo, sin embargo, se estaba desarrollando un cierto clima social que, idealizando los estatutos de la ciudad, cuestionaba la república despótica y los chanchullos de Xindansvinto. No en vano, La Teja de Medianoche había servido de modelo normativo tanto en la Confederación de Pueblos Nómadas de Cintruéñigo como en la República Democrática de Cintruéñigo Oriental, una vez que estos territorios perdieron su vinculación a Octopus con el mapa que el Imperio Marciano impuso en Sextercius tras el armisticio de Tourmalet. Para desactivar este conato de rebeldía interna, a Xindansvinto le vino que ni pintado apelar al intervencionismo imperialista; aunque para ello tuviera que sacrificar a los suyos aliándose a un caudillo no menos arribista que él mismo.

Mientras tanto, en el otro extremo del mundo, George W. Khan aspiraba a liderar su propia república desgajada de Ortodoxia, pero precisaba de una intervención militar y una alianza marciana. Ambos gobernantes coincidían en que sólo ellos podían decir falsedades a enemigos y conciudadanos «en beneficio de la ciudad». Más allá de la retórica ciudadanista, había que integrar a la población sometida; esa bisagra humana era necesaria y la estrategia era crear lealtades que participasen activamente cuando fuera preciso. Xindansvinto lo llamaba «acción política».

En el Imperio Ortodoxo las colonias octopusianas eran administradas por la Sociedad de Protección Inmigrante y Aborigen (SPIA) hasta febrero de 1995, cuando el control fue transferido al Gobierno y se nombró un superintendente, George W. Khan, quien ordenaba y reportaba el protectorado inmigrante y la jefatura de los clanes aborígenes. En vista de la diversidad étnica, religiosa y tribal, George W. Khan insistió en que toda lealtad debía dedicarse a él y a nadie más. Aunque esperaba la obediencia de los más pobres hacia los más ricos, no tenía reparo en eliminar a unos y a otros si fuera preciso. El procedimiento quedó bien descrito en la circular del 12 de mayo de 1998: «Si bien hay hábitos y costumbres a respetar, también hay odios y rivalidades que hay que saber desentrañar y utilizar en nuestro provecho, oponiendo a los unos contra los otros, apoyándonos en unos para mejor vencer a los otros». Con bastante maquiavelismo táctico, estableció un audaz mecanismo de control social mediante una intrincada red clientelar que implicaba a colaboradores e infiltrados, mercenarios y militares, funcionarios y amigos, criados e informantes. El espectáculo era a la vez horroroso y ridículo: un mundo de intrusos y de delatores que integraban una cultura mimética que se espiaba a sí misma a través de una guerra de soplones y cuyos miembros se imitaban entre sí los peinados a tope de pelo y hablaban sobre los efectos persuasivos de las consignas que empleaban durante reuniones informativas que organizaban con grupos de base. La amistad se recompensaba y la cantidad que se desembolsaba con ese propósito fue incrementándose en los años siguientes, lo que hacía aumentar los impuestos entorpeciendo la capacidad de decisión de las asambleas territoriales y la efectividad de la legislación consuetudinaria.

El imperio. Marte y Persia al oeste,
Siberia al norte y Ortodoxia al sur.
En 1999 George W. Khan volvió a hacer gala de su indiscutible carisma cuando estableció un pacto de no agresión con la emperatriz siberiana Seibiunouva Majavi, merced al cual se le otorgaban amplias licencias en materia fronteriza, y en 2003 impuso su jefatura desde el sur de Mongolia hasta el istmo central de Ortodoxia invadiendo algunos territorios orientales de Persia. Para hacerse cargo de la penetración política disponía de la Oficina de Tropas y Asuntos Normales, institución que tenía tres objetivos principales: reclutar tropas indígenas y alienígenas para el nuevo ejército submongol, gobernar los territorios ocupados y anexionar otros nuevos. El 11 de marzo de 2007 acudió a Chipiona para firmar un acuerdo con los jefes marcianos de Bretonia, Paranoia y Octopus. Fruto del acuerdo con Xindansvinto, todas las colonias octopusianas abrieron sucursales de la OTAN con el nombre de Octopus Offices; las cuales, más adelante, acabarían implantándose en Cientruéñigo y en las grandes ciudades de Octopus, si bien readecuando y ampliando sus funciones burocráticas.

En 2016, cuando estalló el conflicto, George W. Khan supo aprovecharse de la coyuntura, azuzando las rencillas en unos casos y sofocando las disputas en otros. Asimismo, invocó el artículo 5 del tratado de Chipiona reivindicando la ayuda marciana en su defensa y el ejército comenzó a utilizar la alta tecnología de la Nerd Space Admiration en los sistemas de videovigilancia por satélite, provocando casos de insolación al focalizar sus pantallas reflectantes en los núcleos de población.

viernes, 21 de marzo de 2014

La Teja de Medianoche

A la infausta memoria
del orgasmo desconocido.
Nuestro pequeño país es una constante contradicción. Octopus hereda de la histórica territorialidad de Corcos su vitalidad, sensibilidad solidaria, tradiciones, fiestas, etc. Somos, por suerte, absolutamente tercermundistas en estos aspectos. En otros, sin embargo, parece que el Imperio Marciano nos ha trasmitido su ardor guerrero a costa de una frialdad nórdica. Nuestra capital marca la excepción y nos recuerda con su ejemplo que cualquier logro social debe implicar, necesariamente, más tiempo para hacer el amor.

La actual Cintruéñigo se fundó en una noche de luna llena de primavera, fuera de la legalidad vigente, como consecuencia de la revuelta popular contra un decreto marciano de 1749 que prohibía y multaba determinadas prácticas sexuales. Entonces una multitud indignada de mujeres y hombres de clase trabajadora se opuso al decreto, que vilipendiaba y dejaba indefensa la ciudad. Una parte de las tropas enviadas por el Gobierno se negó a disparar contra la gente y muchos de los soldados acabaron confraternizando con el movimiento de resistencia. Desde entonces Cintruéñigo goza de autonomía y de estatutos propios; los cuales fueron redactados a modo de proceso constituyente de una nueva sociedad más armónica y libre, conocida como La Teja de Medianoche. Por su gran interés documental, reproducimos el texto original a continuación.

Dedicatoria


A la infausta memoria de cuantos han pasado por la vida sin conocer un buen orgasmo.

Definiciones


Art. 1º
La nueva sociedad octopusiana, como expresión de su abolengo, y para acceder a su autogobierno, se constituye en Cintruéñigo, un sábado cualquiera, con luna llena, 69 minutos después de medianoche, de acuerdo con los presentes estatutos, que son su norma básica, bajo la denominación de La Teja de Medianoche.

Art. 2º
La Teja de Medianoche se define como una sociedad recreativa, sensual, concupiscente, higiénica, licenciosa, incontinente, cachonda, promiscua, sugestiva, procaz, lasciva y, sobre todo, muy necesaria.

Art. 3º
Asimismo se define como Promotora Cultural y Mutua de Socorros.

Art. 4º
Esta sociedad no se define como gastronómica, entre otras cosas, porque sus miembros, normalmente, no se comen nada.

Sobre los objetivos


Art. 5º
A largo plazo, el objetivo final de la sociedad es la felicidad humana mediante la satisfacción de las necesidades más primarias y, fundamentalmente, «esas», que habitualmente son las menos satisfechas. Deseamos una sociedad futura que genere abuelos alegres y satisfechos y no viejos verdes y solteronas histéricas.

Art. 6º
A plazo medio, corto plazo y en algunos casos con extrema urgencia, La Teja de Medianoche se plantea aumentar la relación sexual entre las personas, combatir la soledad del lecho, los fríos de invierno, las angustias de los sábados a la noche y, en general, las de toda la semana.

Art. 7º
A fin de conseguir estos fines fundacionales, la sociedad practicará y difundirá entre sus miembros el noble arte de «echar los tejos».

viernes, 17 de mayo de 2013

La materia del tiempo (II)

Estructura de la acción causal.
Hay quien dice que The Matter of Time es una obra apócrifa y otros creen que el libro fue un claro mensaje para que sus camaradas no se pasaran de listos. Pocos lo leyeron, pero batió el récord de ventas. Abrumado por los medios de comunicación, los congresos y la vida intelectual, Xindansvinto manifestaría su intención de retirarse para dedicar su tiempo a «las canciones de los Rolling Stones y la vida disipada», no sin antes fundar un partido futurista. Algunos analistas señalan que con esta decisión habría sucumbido a las conspiraciones al servicio de algún interés que todavía permanece oculto (y que involucraría a misteriosos personajes, agencias gubernamentales que actúan por libre y poderosos grupos económicos que se mueven en la sombra). Así pues, entre abandonar o morir habría decidido no morirse y esconderse tras una X, el muy cobarde. Por otro lado, si bien es cierto que, por encima de una ideología concreta, el Partido X se desarrolló consolidando la Transición mediante una apertura sin reservas a la tecnología, no es menos cierto que su legitimación vino de la inhibición generalizada de las masas populares que aceptaron las razones esgrimidas por los administradores de los aparatos políticos y las hizo suyas.

En el trasfondo de sus Memorias, en cambio, se vislumbra una teoría más simple: la abdicación de Xindansvinto, en lugar de un acto de humildad que posibilitara implementar un nuevo dispositivo político, sería el mayor acto de soberbia de un personaje que cada día necesita una mayor dosis de halago multitudinario inyectada en vena por sus fieles, la droga que mantiene en pie a los Jefes Supremos y que de una manera compulsiva les lleva a buscar el aplauso y la veneración por todos los rincones del planeta.

En realidad, Xindansvinto quisiera ver cumplido en vida el sueño supremo de los ególatras: poder asistir a su entierro desde un lugar secreto y sin esperar a la muerte traidora, para disfrutar así a hurtadillas del espectáculo de sus exequias, bañarse en el llanto de sus seguidores, cebar su ego con los lamentos de los fieles, emborracharse con el dolor que su pérdida les provoca, comprobar, en suma, cómo le amaban y admiraban hasta el delirio y cuán vistoso resulta el espectáculo de sus funerales retransmitidos a todos los rincones de Octopus, verdaderos valles de lágrimas, la antesala de la gloria que le espera en el Paraíso.

Y de paso, y aquí viene lo mejor, sus espías le traerán hasta su retiro espiritual noticias puntuales de la purga que se desarrolla dentro del Partido X, de cómo discurren las intrigas de su sucesión en la sede de Cintruéñigo, para estar informado al momento de si las tecnologías funcionan correctamente respetando los nombres de los expertos elegidos a dedo o si, por el contrario, sus lugartenientes han sacado ya las navajas sin disimulo y, emulando las gestas de Tourmalet, en la pelea se han cargado a los entrometidos.

Desde su recóndita atalaya escuchará los coros que ensalzan al líder consagrado como Jefe Emérito de Octopus, que cantan solemnes el Himno de la Patria... «Cuando muera y se pudra desaparecerá su corrupción».

jueves, 22 de noviembre de 2012

¿Manzanas traigo, hijo de un demonio?

La capital de Octopus fue
refundada en luna llena.
Cintruéñigo fue refundada en el siglo XVIII, tras los graves disturbios provocados por la oficialización de un decreto marciano que prohibía y multaba las prácticas sexuales que atentasen contra la ciudadanía “mediante la exhibición pública de actos de marcado carácter íntimo y personal”. Los sucesos degeneraron en duros enfrentamientos entre manifestantes y Guardia Imperial, con el resultado de 810 vecinos ahorcados, 80 viviendas calcinadas y ocho guardias heridos, dos de los cuales sufrieron amputaciones. Además, se quemaron varios vehículos oficiales y fueron atacadas las sedes del Octopus Dei, así como sus establecimientos bancarios y religiosos.

Hasta su refundación en 1749, Cintruéñigo era una ciudad brumosa para el resto del mundo, casi mitológica, que servía de alegoría de la lujuria por influencia de algunos historiadores de Paranoia que incidían en el antiguo predominio persa, y aun de la maldad por influencia de la Biblia Marciana. Miguel de Cervantes se refirió a la capital de Octopus en el sentido bíblico de caos. La huella de Cintruéñigo es tan fuerte en todo Sextercius que su nombre se utiliza para nominar a cualquier ciudad poderosa. Largamente mencionada en el Libro del Apocalipsis, biografía no autorizada de Xindansvinto, Cintruéñigo también fue identificada como fuente de lascivia y soberbia, llegando a ser descrita como sigue por un peregrino siberiano del siglo XII:

«Éste es un pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en costumbres y modo de ser, de aspecto inicuo, depravado, perverso, lujurioso, borracho, feroz, silvestre, diestro en todos los vicios... En algunas de sus comarcas, sobre todo en Trauko y Tutulu, el hombre y la mujer octopusianos se muestran mutuamente sus vergüenzas mientras se calientan... También usan los octopusianos de las bestias en impuros ajuntamientos y besan lujuriosamente el sexo de la mujer... Por lo cual los octopusianos han de ser censurados por todos los discretos.»

No obstante, Cintruéñigo brilló mucho tiempo por su alto nivel cultural. Su amor por las artes y las ciencias llegó a oídos de Isaac Newton que, tras ser declarado culpable de indecencia grave y encarcelado por dos años, obligado a realizar trabajos forzados, una vez libre se trasladó a la capital de Octopus, donde elaboró su teoría de la gravitación universal. Con estas palabras lo cuenta el druida William Stukeley, un médico y arqueólogo del norte de Bretonia que visitó a su amigo Isaac Newton en 1726:

«Después de comer hacía calor y salimos al jardín a tomar el té. Estábamos él y yo solos, a la sombra de los manzanos, mirándonos a los ojos. Entonces, mientras acariciaba mis cabellos, me contó que estaba en la misma situación que cuando se le ocurrió, hacía años, la idea de la gravitación. El motivo había sido la caída de una manzana. ¿Por qué había de caer siempre en dirección perpendicular al suelo?, se preguntó. ¿Por qué no iba hacia un lado, o hacia arriba, como le ocurría por ejemplo a su miembro viril, sino constantemente hacia el centro de la Tierra? Con certeza, la razón debía estar en que la Tierra atrae a la manzana. Del mismo modo que él sentía un impulso interior que le arrastraba hacia los arqueólogos, me confesó. Pero esto sólo era un deseo psíquico que los principios morales y la cárcel podían frenar. Así pues, tenía que haber una fuerza atractiva en la materia, y la suma del poder atractivo de la materia terrestre debía estar en el centro de la Tierra, no en otro lado. Por eso la manzana cae perpendicularmente o hacia el centro. Si la materia atrae así a la materia, debe ser en proporción a su cantidad. Por consiguiente la manzana atrae a la Tierra tanto como ésta a la manzana. Existe un poder como el aquí llamado de gravitación, que se extiende a través del Universo. Entonces, como para dar mayor énfasis a sus palabras, dejó caer su torso sobre mi regazo. Le sostuve, adivinando su juego, y dedicamos el resto de la tarde a los lances del amor.»

sábado, 29 de septiembre de 2012

Octopus for dummies

Octopus es un país montañoso, con una costa sinuosa y muy recortada. En los terrenos bajos crece la selva virgen, con una rica biodiversidad merced a la abundancia de agua dulce y su clima tropical; y en las partes más elevadas, cuya temperatura es más fresca, se encuentran bosques de climas más moderados. La parte sur, en cambio, es muy seca y su vegetación está constituida por sabanas, matorrales y plantas xerófitas.

Su capital Cintruéñigo fue refundada en una noche de luna llena de 1749 y se rige desde entonces por sus propios estatutos, conocidos como La Teja de Medianoche. Tiene facultades de derecho y de medicina y es nudo de comunicaciones aéreas y ferroviarias. Posee un mercado central cubierto con una superficie de unos 10.000 m² que en la actualidad está prácticamente inhabilitado por las políticas de austeridad decretadas por el gobierno, en el cual se efectuaba casi todo el comercio internacional de la república.

La industria no ha superado aún la simple utilización de los recursos agrícolas, que ocupa al 70% de la población. Pero la falta de medios técnicos no permite, muchas veces, el autoabastecimiento. El maíz, el arroz y las batatas sirven para el consumo interno. En las laderas de los montes se explota el café, y en los llanos, el sisal, el algodón y la caña de azúcar. Entre las numerosas riquezas minerales, tan sólo se extrae la bauxita en cantidades apreciables. El subdesarrollo de Octopus se ve agravado por la gran actividad volcánica y los frecuentes huracanes que destrozan los cultivos ante la absoluta inercia de las autoridades, que siguen considerando prioritarios los presupuestos militares.

La población está compuesta en su mayor parte de negros descendientes de los antiguos esclavos procedentes de la diáspora implementada por el Imperio Marciano. Después de la activa intervención del jefe Croissant Loverture (muerto en Bretonia, en el castillo de Joux), el joven general Gumerxindo Saraiva declaró en 1847 la independencia del país, lo que desencadenó la primera guerra de Tourmalet.

En 1957 fue elegido presidente Tiberio Dansvinto, quien instauró un régimen dictatorial que contó con el beneplácito de Germania y Paranoia. En 1964 se hizo proclamar presidente vitalicio y designó a su hijo, Jean Claude, como sucesor. Éste accedió al poder en 1971, con sólo diecinueve años de edad, siendo investido Jefe Supremo y adoptando el nombre de Xindansvinto. Si bien introdujo algunas reformas, es más famoso por sus desmanes.

viernes, 8 de junio de 2012

La cumbre de las puñaladas (II)

Tras el último intento de reconquista de Octopus por parte del Reino del Castillo, iniciada en 1493 con la invasión de Fuentelisendo, un joven Gumerxindo Saraiva subió al Tourmalet para declarar la sublevación octopusiana contra el Imperio Marciano en 1847, guerra que se extendería hasta Nebraska dejando miles de heridos. Tourmalet se convirtió así en todo un símbolo del poder. En julio de 1910 Henri Desgrange intentaría usurpar el mando de Saraiva en ese mismo lugar, lo que avivó las ascuas nunca bien apagadas del conflicto bélico.

La cumbre del Tourmalet, según el diario de Lapize.
"Aquello no era luchar, era salir a sobrevivir", explicó Picudo Delgado, uno de los más feroces guerreros de Octopus. "La madre de todas las batallas, de lo que todo el mundo habla", aseguraba Redondo Contador. Ambos luchadores destacarían en su destreza con el puñal en la gesta de Tourmalet a las órdenes de Herculo, convirtiéndose en sus lugartenientes. "Aquel que aguante cerca con Redondo y Picudo tendrá mucho ganado", prometía a los suyos el fornido amigo del jefe Saraiva mientras sufría las puñaladas de Menchov, como Schreck las de Contador y viceversa. "El que venza en Tourmalet gana la guerra", incitaba Lapize. Tan verdad como mentira tras lo ocurrido después del armisticio. Hasta el intercambio de golpes, Octave Lapize, el Ricitos, y Arnold Schreck, el Ogro, eran dos soldados al servicio de Desgrange con la misma sombra que los lugartenientes de Herculo. Una vez iniciada la trisca, el sufrimiento causado por las despiadadas puñaladas recolocaría a los enemigos. "No hay otra opción que atacar. Si hago algún movimiento antes no tendré opciones", se sinceraba Schreck. "Si puedo zanjar la guerra en Tourmalet, lo haré, así tendría más margen y tranquilidad para el armisticio", contrarreplicó Redondo Contador. Por su parte, Menchov se iba a jugar, en principio, alguna plaza de Sextercius, pero de regreso a Soulor reventó a manos de Picudo Delgado, que le asestó 73 puñaladas.

El capitán Federico Temeto no participó en la histórica batalla de 1910, aunque sí en varias de las numerosas escaramuzas que se sucedieron a lo largo del tiempo. "La primera vez que lo subí iba escapando y todos mis rivales estaban desperdigados por la cumbre. Era imposible controlar la pelea, así que saqué mi puñal y me dije: Federico, dales en las piernas". Sucedió en 1954, una década antes de volver a atravesar la montaña del mal retorno con Longino Lalanza, quien consiguió su primera victoria en Luz Ardiden en 1985 con un ataque a cuatro kilómetros de la cima del Tourmalet que apagó a Bernard Hinault. Fue una de esas jornadas de heroísmo. "Recuerdo que había una niebla increíble. Hubo momentos en que nadie sabía dónde andaba cada uno", señaló Lalanza.


Hasta la victoria de Danguillaume en 1974, nadie más ha levantado los brazos por su cima si no ha sido para pedir agua o auxilio. Como le ocurrió a Filippo Pozzato, que, con fractura de escafoides, abandonó la pelea cuerpo a cuerpo y se cambió de bando. Aunque en un primer momento el luchador manifestó su intención de seguir en la batalla, la confirmación de la fractura y el mal estado de la mano, hinchada y que le impedía cerrarla y ejercer fuerza en el puñal, le hizo desertar. En la clandestinidad comenzó a escribir poesía y tomó contacto con la guerrilla insurgente afín a Herculo, a la que no tardaría en unirse, encargándose de la propaganda subversiva mediante una vieja multicopista. En la biblioteca central de Cintruéñigo se conservan gran parte de sus afamados panfletos, reconocibles por su estilo hosco y el ya clásico lema "Redondo, Picudo, Temeto, Lalanza, ¡por Herculo!".

jueves, 14 de julio de 2011

Gumerxindo Saraiva, del caudillo al mito

Junto a Xindansvinto, uno de los personajes de Octopus más insignes y admirados de todos los tiempos, incluso allende los mares, sin duda es Gumerxindo Saraiva; primer Jefe Supremo y héroe de gestas legendarias en la liberación octopusiana del yugo marciano, y cuyo ilustre recuerdo permanece inscrito y ondeante en el anagrama que orla el escudo de la bandera de Octopus.

Hijo liberto de esclavos y experto conocedor de los puertos africanos (en cada uno de los cuales, se dice que tenía más de una amante), su rocambolesca muerte en una dudosa emboscada fue el desencadenante de la segunda batalla de Tourmalet, liderada por su fiel amigo Herculo. En vida fue el principal impulsor de la reagrupacion de la diáspora octopusiana, así como de la expansión territorial de Octopus. Esta es la razón por lo que su inveterada capital Cintruéñigo se recuerda en el nombre de otras regiones, aún siglos después de independizarse.

Considerado un libertador para algunos historiadores y un despiadado conquistador para otros, su fama de lider temperamental y beligerante le llegó joven al pretender continuar las otroras infructuosas rebeliones octogenarias contra el Imperio Marciano, incidiendo significativamente en la redefinición de los pueblos y tribus de Sextercius; lo que llevaría a Octopus a ocupar tal lugar privilegiado en sus relaciones con Bretonia y Paranoia que le hizo entrar en pronto litigio con el Reino del Castillo, disputándose ambos ser los genuinos herederos de la venerada estirpe de Corcos (véase la sinopsis histórica).

Quebrantando de manera flagrante los preceptos de modestia que rigen el intercambio recíproco, Gumerxindo Saraiva llevó la jactancia a su grado máximo como atributo de su liderazgo y, obsesionado con su propia importancia, hacía proclamaciones públicas de su generosidad como redistribuidor de tierras y viandas entre súbditos y acólitos, vociferando:

«Soy el gran jefe que avergüenza a la gente. Llevo la envidia a sus miradas. Hago que las gentes se cubran las caras al ver lo que continuamente hago en este mundo. Una y otra vez invito a todas las tribus a fiestas de aceite. Soy el único árbol grande. Tribus, me debéis obediencia. Tribus, regalando propiedades soy el primero. Tribus, soy vuestra águila. Traed a vuestro contador de la propiedad, tribus, para que trate en vano de contar las propiedades que entrega el gran hacedor de cobres, el jefe.»

Su fama de conquistador le hizo mítico. Y si bien se decía que allí donde ponía el pie las tribus se arrodillaban y le rendían pleitesía, también se decía que no había mujer lo suficiente joven ni lo suficiente vieja que no le hubiera conocido carnalmente. Algo muy improbable que sucediera realmente; pese a los miles de vástagos que supuestamente dejó a su paso debido a que, considerando el honor que un bastardo de Saraiva suponía en la familia, ningún varón osó cuestionar nunca aquellos años de libido femenina desorbitada.

Gumerxindo Saraiva siguió engendrando hijos incluso estando ya enterrado. El origen de este mito proviene de que, al parecer, siguió teniendo el órgano sexual duro y erecto después de muerto. Dejando aparte las sospechosas circunstancias en las que sufrió su emboscada criminal, el médico de campaña, sin dar muestras de extrañeza, explicó que aquello no tenía nada de extraordinario, pues era bien sabido que acostumbraba tomar opio, y que el opio procura excitación sexual aun después de la muerte. Lo que no obstó para que el vulgo comenzara a creer que, como un íncubo de frío pene, su demonio redivivo oprimía el corazón de las mujeres en las pesadillas, dificultando su respiración con sueños angustiosos y tenaces que casi siempre culminaban en preñez.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Agresiones de Haza y sus alfoces

Debido a la política de expansión de Octopus llevada a cabo por iniciativa de Gumerxindo Saraiva, el Reino del Castillo vio peligrar su propio afán de dominio.

Las relaciones inmemorables que Corcos —a la sazón mera comarca cuya jurisdicción exenta comenzaba a cuestionarse— mantenía con Octopus, fueron denostadas desde la corte para azuzar enfrentamientos entre poblaciones limítrofes, preámbulo de sucesivas escaramuzas, venganzas y agravios, que acabarían desencadenando el denominado conflicto bélico de Tourmalet y la definitiva secesión entre Castillos de Arriba y Castillos de Abajo.

Hubo precedentes. En ciertos días de los meses de agosto y septiembre de 1493, los alcaldes de los alfoces de Haza y Valdezate, junto a sus alguaciles y algunos vecinos de Haza, armados de diversas armas ofensivas y defensivas, en grande injuria y sin temor de las penas en tal caso establecidas por la justicia, entraron en Fuentelisendo e dándose favor e ayuda los unos a los otros, pusieron dicho lugar a saco mano y por fuerza de armas prendieron a ciertos vasallos y los llevaron a Haza e corrieron con las espadas sacadas tras las mujeres, por las herir y matar, hasta las encerrar en la Iglesia e que de esto no contentos, llevaron forzosamente todo el ganado e lo traspasaron donde quisieron y araron ciertos heredamientos que el Concejo de Fuentelisendo tiene por suyos. Igualmente vinieron de Hoyales unos 15 o 20 hombres armados de diversas armas e cometiendo fuerza e faciendo asonadas, en ofensa e contumelia, comenzaron a romper un molino por fuerza contra la voluntad del molinero que dentro estaba. Entraron en él y lo llevaron preso a Haza en castigo por trabar comercio con Cintruéñigo, tomando en su poder varias vasijas donde atesoraba las ganancias de su molienda.

Haza, desdibujando los hechos, alegó que a Fuentelisendo fueron por rescatar unas acémilas que Fuentelisendo había quitado a un vasallo del Conde de Miranda y que “la verdad era que todo Corcos e Fuentelisendo inclusive eran de la jurisdicción de Haza, y que era grave ofensa el contubernio con extranjeros”. Dijeron que Fuentelisendo había arrendado unas tierras de los baldíos a un extranjero —de Nava— y por esta usurpación entró Julio Soto y las aró. En ese momento se presentó Fuentelisendo con la Vara de la Justicia, prendió las mulas con las que araban y en correspondencia, con el consentimiento de la justicia de Haza, ellos prendaron algunas vacas a vecinos de Fuentelisendo que devolvieron al ser devueltas las mulas.

Empero de las vasijas nunca se supo más nada.

martes, 23 de noviembre de 2010

Bombas contra la censura


La imagen superior está hecha por Toru Yamazaki, un artista siberiano de la noche, de esos que han vivido tantos excesos que lo normal ya no les satisface y buscan exagerar sus pinturas, hasta volverlas histriónicas, grotescas. Por un lado desprenden sexualidad, y por otro lado esa sexualidad se transforma en fealdad.

Se habrán dado cuenta con asombro que los primeros planos de los aparatos genitales quedan siempre difuminados con una mancha borrosa. Ocurre ello por un extraño sentido de la censura de Paranoia, que pese a permitir el consumo de películas o revistas pornográficas, prohibe el dibujo explícito de penes o de vello púbico.

La influencia paranoica como centro neurálgico histórico hizo que el resto de federaciones marcianas adoptaran medidas similares. Sin embargo, hecha la ley, comenzó el mercado ilegal, y rápidamente el Ejército de Demonios Tentaculares comenzó a aparecer en todos los lados (pues tentáculos nunca tienen por qué faltar).

UN ENIGMA CRIMINAL

Una banda de asesinos a sueldo con participación de ex militares actúa impunemente desde 1987 distribuyendo este tipo de arte. La 'mafia' del Ejército de Demonios Tentaculares ha enviado ya ochenta paquetes bomba y ha matado a cuatro empresarios.

Defensa y Guardia Imperial, aunque por caminos distintos, se centraron en la hipótesis de una guerra entre vendedores de ordeñadoras. Consideraron como principal sospechoso a Agustín Cerezo, que había tenido relaciones comerciales, en algunos casos espinosas, con tres de los receptores de las bombas.

Tras conversar con el general Francisco Virgulillas Felices, entonces director general de política de Defensa de Paranoia (asesinado en Hoyales en julio pasado por mercenarios siberianos), el militar aconsejó «olvidar y perdonar». Jerzy Dudek, el juez de Cintruéñigo que investiga hoy este caso, centra sus pesquisas en guardias imperiales del servicio antidroga, en técnicos de homologación de ordeñadoras, en mujeres violadas, etc.

El ex militar, por su parte, considera que se trata de una guerra empresarial, y apunta como sospechoso al industrial Agustín Cerezo, también dedicado al negocio de las ordeñadoras, que luego acabó detenido y acusado de tráfico de drogas.

Una intervención telefónica de la policía judicial sobre Cerezo reveló su estrecha relación con la Guardia Imperial marciana: desde Chipiona, donde también tenía negocios, habló con su hermano, residente en Bilbo (capital de la Confederación de Pueblos Nómadas de Cintruéñigo), quien le informó que un capitán de la Guardia Imperial encargado de investigar la serie de bombas le había dicho: «Ellos [mandos de la Guardia Imperial] no quieren pruebas; lo que quieren es información, [y me han pedido] que no hagamos ningún tipo de gestión porque a lo mejor se vuelve contra nosotros».

Es más, el hermano de Cerezo advierte a éste de que están pinchándoles los teléfonos, y le reitera el mensaje: «Las cosas van bien y lo que quieren es que no te metas tú en jaleos, que simplemente les des información y que no te metas en nada más».

El sospechoso inicial, Cerezo, fue detenido el 14 de marzo de 1991 tras encontrarse 160 kilos de ácido bórico dentro de varias ordeñadoras que almacenaba en Fuentelisendo. Guardia Imperial y Defensa, según sus respectivos informes, descartaron su implicación en los envíos de las bombas, así como la hipótesis de la guerra comercial, incriminando por el contrario al ex general Francisco Virgulillas Felices y al magistrado Jerzy Dudek, como cabecillas y máximos responsables de los crímenes mafiosos del autodenominado Ejército de Demonios Tentaculares.

viernes, 23 de julio de 2010

Historia vieja

Váranes VI Tschubin. General persa de finales del siglo VI. Se levantó en armas contra Cosroes Parwiz en 590 y apoderándose del trono reinó ocho meses en Octopus. Murió envenenado en Cintruéñigo.