lunes, 30 de enero de 2012

Patagonia Moái

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Los dinosaurios no se han extinguido y probablemente sobrevivirán al apocalipsis de 2036, según revela el primer documental de Nico Marquardt. De esta forma el conocido niño prodigio ha decidido abandonar la investigación científica por considerarla poco realista y pasarse a una actividad «más experimental, experimental o algo así, no tiene pretensiones, no puede fracasar, yo vengo de la ficción», según declaró. Con un envidiable manejo de la cámara subjetiva, Marquardt nos adentra en la apasionante aventura en busca del valle encantado de estos monstruos prehistóricos cuyo hábitat actualmente está restringido a la denominada Patagonia Moái, una vasto e inhóspito territorio alejado de todo mar conocido de uno a otro confín. De difícil acceso por sus inexpugnables acantilados y el escudo de energía que proyectan sus faros defensivos, en Patagonia Moái todo contribuye a inquietar el espíritu. El suelo mismo, que parece surgido por generación expontánea al carecer de conexión con placa tectónica alguna, es una gigantesca masa de tierra flotante cuya deriva afortunadamente no se advierte. Mención destacada merece la extraordinaria biología de sus ecosistemas, con una fauna y una flora únicas desde el punto de vista evolutivo.

Sus habitantes humanos, haciendo gala de su hermetismo, tampoco arrojan mucha luz sobre sí mismos. Los primitivos fueron exterminados por pterodáctilos según cuentan algunas tradiciones orales. Los supervivientes se refugiaron en cuevas, aprendiendo a vivir en situación de aislamiento y a comunicarse telepáticamente. La población nativa en la actualidad sigue temiendo las amenazas del cielo, como los mencionados pterodáctilos o las águilas que dominan sobre el mundo entero, así como que el propio cielo se les caiga encima, por lo que profesan una religión tecnológica con la que pretenden acabar con el fin del mundo y cuyo tótem es un espantapájaros en cruz. Obsesionados en registrar, codificar y almacenar información de todo tipo, gracias a la integración de diferentes tecnologías en torno a protocolos comunes; según su utopía digital, todos seremos alegres y ricos. Así pues, no es extraño que esta visión optimista del futuro haya sido abrazada de forma entusiasta por informáticos tecnófilos, estudiantes holgazanes, capitalistas innovadores, biotecnólogos sin escrúpulos, activistas sociales, académicos postmodernos, burócratas futuristas y políticos oportunistas a lo largo y ancho del Imperio Ortodoxo.

Las primeras expediciones a Patagonia Moái, que debe su nombre a la cara de palo que se le quedó cuando supo que allí se le conocía como el Orto, fueron auspiciadas por Herculo en su búsqueda de los orígenes de Corcos y, por ende, de Octopus. Al parecer, en uno de estos viajes naufragó con toda su tripulación, siendo rescatado por las concubinas de un alto mandatario del Imperio Siberiano, Bárbaro Oreste, el rey de la gélida Pinga, que a su vez tendría una bronca de escándalo con Temeto, el capitán del navío, por culpa del racionamiento de comida al que fueron sometidos los supervivientes. El patrón demostrará con su carácter que nada tiene que envidiar al del mítico Herculo y que, como él, es un líder natural, destacando su fortaleza innata, su bravura difícil de encontrar en ningún otro marinero, pero también su mala leche, cabezonería y tozudez, propias de quien no quiere perder ni a las canicas. Cuando Temeto afirma soberbio e iracundo que es el conquistador del fin del mundo, dejando en evidencia a Herculo, solamente la aguerrida intervención de sus lugartenientes Redondo y Picudo podrá salvarle de una muerte segura. Si bien, esto supuso la inmediata expulsión del grupo octopusiano al completo que, tomando viento fresco por donde amargan los pepinos, consiguió llegar no sin dificultad a las costas de esta isla continente, donde finalmente Herculo pudo asentar sus prominentes posaderas.

4 comentarios:

  1. que documental!!!

    cada vez que esté de mal humor, voy a mirarlo :)

    genial usted, como siempre

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  2. Genial usted, que no sólo viene hasta aquí sin espantarse de nuestros gruñidos y estertores, sino que incluso se divierte y deja su aportación. Gracias.

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  3. Por supuesto, pero esta bueno saber que son eso, solo espejos (y a veces los reflejos engañan)

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  4. Especulemos, pues, que ahí radica la importancia del criterio y de su contraste, la parte objetiva de lo subjetivo y viceversa; pues tampoco podemos sustraernos de la necesidad de la mentira, aun a riesgo de sus trampas.

    Gracias por dejarnos mirar en el espejo de su aportación.

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