jueves, 14 de julio de 2011

Gumerxindo Saraiva, del caudillo al mito

Junto a Xindansvinto, uno de los personajes de Octopus más insignes y admirados de todos los tiempos, incluso allende los mares, sin duda es Gumerxindo Saraiva; primer Jefe Supremo y héroe de gestas legendarias en la liberación octopusiana del yugo marciano, y cuyo ilustre recuerdo permanece inscrito y ondeante en el anagrama que orla el escudo de la bandera de Octopus.

Hijo liberto de esclavos y experto conocedor de los puertos africanos (en cada uno de los cuales, se dice que tenía más de una amante), su rocambolesca muerte en una dudosa emboscada fue el desencadenante de la segunda batalla de Tourmalet, liderada por su fiel amigo Herculo. En vida fue el principal impulsor de la reagrupacion de la diáspora octopusiana, así como de la expansión territorial de Octopus. Esta es la razón por lo que su inveterada capital Cintruéñigo se recuerda en el nombre de otras regiones, aún siglos después de independizarse.

Considerado un libertador para algunos historiadores y un despiadado conquistador para otros, su fama de lider temperamental y beligerante le llegó joven al pretender continuar las otroras infructuosas rebeliones octogenarias contra el Imperio Marciano, incidiendo significativamente en la redefinición de los pueblos y tribus de Sextercius; lo que llevaría a Octopus a ocupar tal lugar privilegiado en sus relaciones con Bretonia y Paranoia que le hizo entrar en pronto litigio con el Reino del Castillo, disputándose ambos ser los genuinos herederos de la venerada estirpe de Corcos (véase la sinopsis histórica).

Quebrantando de manera flagrante los preceptos de modestia que rigen el intercambio recíproco, Gumerxindo Saraiva llevó la jactancia a su grado máximo como atributo de su liderazgo y, obsesionado con su propia importancia, hacía proclamaciones públicas de su generosidad como redistribuidor de tierras y viandas entre súbditos y acólitos, vociferando:

«Soy el gran jefe que avergüenza a la gente. Llevo la envidia a sus miradas. Hago que las gentes se cubran las caras al ver lo que continuamente hago en este mundo. Una y otra vez invito a todas las tribus a fiestas de aceite. Soy el único árbol grande. Tribus, me debéis obediencia. Tribus, regalando propiedades soy el primero. Tribus, soy vuestra águila. Traed a vuestro contador de la propiedad, tribus, para que trate en vano de contar las propiedades que entrega el gran hacedor de cobres, el jefe.»

Su fama de conquistador le hizo mítico. Y si bien se decía que allí donde ponía el pie las tribus se arrodillaban y le rendían pleitesía, también se decía que no había mujer lo suficiente joven ni lo suficiente vieja que no le hubiera conocido carnalmente. Algo muy improbable que sucediera realmente; pese a los miles de vástagos que supuestamente dejó a su paso debido a que, considerando el honor que un bastardo de Saraiva suponía en la familia, ningún varón osó cuestionar nunca aquellos años de libido femenina desorbitada.

Gumerxindo Saraiva siguió engendrando hijos incluso estando ya enterrado. El origen de este mito proviene de que, al parecer, siguió teniendo el órgano sexual duro y erecto después de muerto. Dejando aparte las sospechosas circunstancias en las que sufrió su emboscada criminal, el médico de campaña, sin dar muestras de extrañeza, explicó que aquello no tenía nada de extraordinario, pues era bien sabido que acostumbraba tomar opio, y que el opio procura excitación sexual aun después de la muerte. Lo que no obstó para que el vulgo comenzara a creer que, como un íncubo de frío pene, su demonio redivivo oprimía el corazón de las mujeres en las pesadillas, dificultando su respiración con sueños angustiosos y tenaces que casi siempre culminaban en preñez.

domingo, 26 de junio de 2011

Doña Tecla

Si en todas partes cuecen habas, y hasta tartas de marihuana, en Octopus no iban a faltar tampoco personajes ignominiosos que se esmeraran en menear la olla para derramar su propio aceite de perro. Doña Tecla es uno de los casos más sonados de dicha perversidad.

Doña Tecla no vive en un bosque umbrío o en un lúgubre cementerio, como sería lógico suponer, sino que, mediante mañas, engaños y enredos consiguió ocupar el castillo de Xindansvinto. Y desde ahí sigue pegeñando a plena luz del día sus tejemanejes, con la única intención de liarlo todo lo más posible.

El asqueroso hilo conductor del que se cuelga y leitmotiv con el que tensiona su tela de araña no es otro que la desgracia de sus víctimas, de la que se alimenta como el vampiro de la sangre de las suyas.

Esta mujer diabólica, que puede aparentar ser amable a conveniencia, está guiada hacia un destino tan incierto para ella como para los demás, pues su propio infortunio parece no importarle tanto como su capacidad de hacer daño. Tal es su maldad que parece como si detentara un poder contra el que nada se puede hacer, porque incluso ella misma está dominada por su propia demencia.

Y es que Doña Tecla es natural de Paranoia, y aunque los paranoicos parezcan seres racionales son incapaces de sentir empatía; y así para ella los demás no existen sino como objetos que afectan o no a su capacidad de manipulación. Aunque esto no le reporte nada a su propio bienestar. Pues el amor lo entiende, pero tan sólo como algo que recibe de los demás y que además están obligados a darle. Mientras que hacia los otros es un sentimiento que sabe experimentar, pero como un tipo de odio.

miércoles, 15 de junio de 2011

Pornoterrorismo

Nadie vendrá a salvarnos. Ni la censura ni las bombas.
El pornoterrorismo tampoco.
Juego

Instrucciones: colocar la palabra que se quiera al final de cada verso, sin importar sintaxis o gramática alguna, la única condición es que la palabra no puede repetirse. Advertencia: cualquier combinación puede parecer válida pero ninguna lo es, así que si por un instante se considera usted poeta, corte la hemorragia antes de que sea demasiado tarde. Y no olvide que lo importante es

Un día me dijiste que tenía mirada de
y yo cerré los ojos para no darte la
cogías mi mano apretando fuerte y con
no pensaste que quizá no hacía falta un
tan solo ser consciente y reafirmarte si
pero no te lo dije y callé mi boca tan
te quedaste pensando en una idea sobre
y con tu ojo perdido pude observar que
no me asustaste, fue más bien algo como
y creo que fue en ese preciso instante cuando
yo, prendida, adherida a tu
tú, extrañada, rozaste tu fino labio con mi
no pude soportarte y salí corriendo hacia
me perdí, y estuve muy sola y sentí como si
entonces volví presurosa a buscarte a aquel
pero ya no estabas, te perdí entre todo el
y apenas he podido volver a respirar con
en este mundo que nada sabe del

viernes, 3 de junio de 2011

Ecos de sociedad

No es que María no estuviera invitada a la cena, al contrario. Pero, ya fuera porque al parecer los comensales no la conocían tanto como pensaban, o tal vez porque realmente se puso muy pesada, a todos los asistentes les sentó francamente mal su presencia. Y lo que debía haber sido una experiencia divertida se convirtió en un mal rollo del copón.

De todas formas, hay que reconocer que le echaron huevos. Los batieron, eso sí, añadiendo leche. Luego mezclaron harina y levadura, haciendo un volcán en el centro para incorporar dentro la mezcla de huevo y leche, la mantequilla y el azúcar. Con una cuchara de madera mezclaron todo muy bien hasta lograr una pasta fina y algo espesa. Añadiendo los cogollos de María bien desmenuzados, volvieron a mezclarlo todo hasta dejarlo homogéneo. Untaron con mantequilla un molde para hornear y vertieron en él la masa para que reposara un par de horas, hasta que duplicó o triplicó su volumen. Una vez fermentada, la metieron al horno a unos 180º y en unos 15-20 minutos ya estaba lista para comer.

Casi el 15% de la población de Fuentelisendo resultó intoxicado como consecuencia de la ingesta de esta tarta artesanal elaborada con marihuana. Tras las oportunas gestiones para esclarecer el origen de la intoxicación, efectivos de la Guardia Imperial procedieron a detener al presunto autor de la fabricación de la tarta, mientras que más de la mitad de los afectados fueron hospitalizados como consecuencia de la reacción sufrida, según fuentes de la Subdelegación del Gobierno.

Inicialmente, las dosis bajas del THC les produjeron sensaciones placenteras de calma y bienestar, aumento del apetito, euforia, desinhibición, pérdida de concentración, disminución de los reflejos, ganas de hablar y reír, enrojecimiento de los ojos, aceleración del ritmo cardiaco, sequedad en la boca y garganta, dificultad para ejecutar procesos mentales complejos, alteraciones de la percepción temporal y sensorial, y disminución de la memoria a corto plazo. A ello le siguió una segunda fase de depresión y somnolencia.

Sin embargo, los efectos del THC ingerido son muy diferentes al efecto que se obtiene cuando se fuma. Para empezar es mucha más lenta su absorción, y al final siempre resulta mucho más potente y duradera. En dosis elevadas, puede provocar confusión, letargo, excitación, ansiedad, percepción alterada de la realidad y, de manera más inusual, estados de pánico y alucinaciones. La intoxicación aguda con THC puede simular un cuadro temporal de esquizofrenia.

Algunos de los intoxicados regresaron a su domicilio tras ser asistidos por los servicios sanitarios, si bien el resto fue trasladado al Hospital de los Santos Reyes. Como consecuencia de la reacción sufrida, unos quedaron ingresados en planta y otros en el servicio de Urgencias de dicho centro. Cabe destacar que, a pesar del esmero con que fueron cuidados por el cuerpo especial de enfermería, los pacientes que estuvieron en sus manos continuaron hospitalizados al haber renunciado inexplicablemente al alta voluntaria, según informó nuestro reportero dicharachero.

domingo, 29 de mayo de 2011

أربعة أصابع

Cuatro dedos. Entre la verdad y la mentira no puede haber más que cuatro dedos: la distancia que separa la oreja del ojo. Porque lo que te contaron puede no ser verdad, si te mentían. Pero lo que tú has visto con tus propios ojos sabes que es cierto, y para ti es innegable ya. Por donde vayas proclamarás esa verdad, de la que eres testigo. Y ya no te dejará, porque lo has visto. (Proverbio saharaui)

lunes, 23 de mayo de 2011

El pájaro del que voy a hablar

El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que un topo. No sé gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir: la vaca. La vaca es un mamífero. Tiene seis lados: el de la derecha, el de la izquierda, el de arriba y el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo del que cuelga la brocha. Con esta brocha se espantan las moscas para que no caigan en la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos y, además, porque la boca tiene que estar en alguna parte. Los cuernos son para combatir con ellos. Por la parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se pueda ordeñar. Cuando se le ordeña, la leche viene y ya no para nunca. ¿Cómo se las arregla la vaca? Nunca he podido comprenderlo, pero cada vez sale con más abundancia. El marido de la vaca es el buey. El buey no es mamífero. La vaca no come mucho, pero lo que come lo come dos veces, así que ya tiene bastante. Cuando tiene hambre, muge, y cuando no dice nada, es que está llena de hierba por dentro. Sus patas le llegan hasta el suelo. Las vacas tienen el olfato muy desarrollado, por lo que se les puede oler desde muy lejos. Por eso es por lo que el aire del campo es tan puro.

Ejercicio de redacción escrito por un niño de ocho años y que se conserva en el Museo Pedagógico de Paris.
El tema propuesto era describir un mamífero o un ave.

sábado, 21 de mayo de 2011

¡Indignaos!


Llega y nos hace conscientes de que la existencia se levanta sobre un olvido, que siempre está ahí sin necesidad de mostrarse, que puede borrar en un sujeto todo matiz de individualidad para convertirlo en un negro abismo, que trasciende la sensibilidad humana y su racionalidad y entonces ningún sonido lo referencia, sólo muecas y ráfagas de aire que no tensionan las cuerdas vocales.

Todo cuanto se nos aparece no es otra cosa que una diversa y diversificada manifestación de la muerte, un sueño que la muerte tiene para saberse (¿o para no saberse?). El dolor, como elemento que aparece en el sueño localizándose en los individuos, pero mutando y pareciendo inaprensible, semeja ser uno de esos entes metafísicos de los que se habla, encarnándose aquí y allá para señalar que dicho sueño se levanta sobre una realidad que lo trasciende y lo funda, a la vez que se reivindica como esencial frente a los fuegos de artificio.

Síntoma, núcleo donde se condensan los elementos rectores de la realidad individual (¿y colectiva?), punto de suspensión de la felicidad como objetivo fundante de la existencia humana (¿o quizá punto desde el que nace?), el dolor y las más primitivas técnicas de su generación —los tiempos han puesto los saberes al estudio de técnicas más sofisticadas— han sido utilizados históricamente por toda forma de dominio para dar cuerpo al bárbaro —y teológico— derecho a castigar.

Ya sabemos que por ahí corren predicadores que berrean el fin de las ideologías, pero quienes seguimos constatando la alienación que generan nuestras sociedades y tenemos la intención de transformarlas, es decir las gentes de izquierdas, acabamos de vivir un proceso electoral en el que se nos ha explicado cómo van a dispensar el dolor y temblando hemos asistido al recuento y la victoria de aquellos que han pujado por su administración más salvaje y cruel.

No es poesía, los verdugos preparan sus presupuestos, su racionalidad económica, sus leyes de extranjería, su código penal, su abaratamiento del despido, las gratuitas autopistas patronales para despeñar obreros (también llamadas accidentes laborales), en definitiva la estructura para administrar dolor.

No los perdonéis porque sí saben lo que hacen y han prometido hacerlo bien.

jueves, 28 de abril de 2011

La exposición colonial o el reparto del mundo


El corazón de la jungla
Calentado al rojo vivo
Se le salía de su pecho
En cada noche oscura
Sortilegios o hechiceros
Almas y amuletos
Danzas y trances
Se entregan con delirio
Los tam-tams salvajes
En la lejanía, color rojizo
Y muy cerca el tren
Y muy cerca la T
Cadencias de muerte
Máscaras de guerra
Los animales rugen
La civilización gruñe
Con ella la fe
Con ella el látigo
Érase una vez
Un mundo secreto.

Michel Zoom

jueves, 14 de abril de 2011

Conflicto electrodoméstico

— Hum... Parece como si hubieras estado llorando, ¿qué ha pasado?
Martha apartó la mano que su marido acababa de colocar bajo su barbilla y, dejando caer la cabeza, contestó:
— Nada. Simplemente me sentía un poco melancólica.
— ¿Tiene algo que ver con Eric?
— ¡Oh, no! Es un niño ideal. Un digno producto de la crianza mecánica. Con una niñera como la que tiene, Eric jamás dará problemas a sus padres.
— ¿Está dormido?
— Le está contando su habitual cuento de antes de dormirse. Entré hace diez minutos. Estaba sentado en su cuna, con el rostro iluminado, mirando con gesto de adoración a su amada Cibela. Al principio ni siquiera me vio, pero cuando me acerqué para darle un beso me apartó con sus dos manitas, como si tratara de decirme que esperase hasta que el cuento acabara. Por supuesto, una madre no es una máquina electrónica; puede esperar.
— ¿Qué hizo Cibela?
— La encantadora, astuta y sensata Cibela estuvo en su punto, como siempre. Dijo: «Eric, da a tu madre, con la que estás unido por lazos de sangre, un gran beso de buenas noches. ¿No recuerdas lo que te conté acerca de la división cromosómica?».
— ¿Por qué odias tanto a Cibela?
Los ojos de Martha se llenaron de lágrimas.
— ¡Ya no puedo soportarlo más, Luff! ¡Compréndelo! ¡A cada paso que doy, siento siempre sobre mí la superioridad de esa máquina pensante! Apenas transcurre un día sin que me haga notar mi inferioridad. ¡Por favor, haz algo! ¿Por qué tienen que ser tan horriblemente inteligentes esas máquinas? ¿No podrían llevar a cabo sus tareas sin serlo? ¿Quién necesita que sean así?
— Es algo que nosotros no podemos cambiar. Las leyes de la autoorganización son las responsables. No podemos hacer nada en lo que se refiere a sus tendencias individuales y, ni siquiera, por muy lamentable que sea, en lo que concierne a su genio. ¿Quieres que solicite otro robot para sustituirla?
— Por desgracia, eso es imposible; porque Eric simplemente la ama. Sería mejor hacer algo para que fuera un poco más estúpida. Creo que entonces todo sería más fácil.
— ¡Pero eso sería un crimen! ¡Ya sabes que la ley ha hecho a los robots pensantes iguales al ser humano!
— Entonces, habla tú con ella. Hoy me ha dicho una cosa tan terrible que ni siquiera supe cómo responder. Me sentí como perdida. ¡No, ya no puedo seguir soportando esta humillación!
— ¡Silencio! Ahí viene. Procura reponerte.
— ¡Hola, patrón!
— ¿A qué viene esto, Cibela? Ya sabes que una máquina NMK no tiene que usar ese vocablo.
— Bueno, pensé que a Martha le gustaría. Siempre le encanta enfatizar las diferencias entre el amo de la creación y la máquina fabricada.—Martha se llevó un pañuelo a los ojos y salió corriendo de la habitación.— ¿Eso es todo? —preguntó Cibela.
— Sí, puedes irte.
Unos diez minutos más tarde, Luff entró en la cocina.
— ¿Qué haces ahora, Cibela?
Con movimientos mesurados, Cibela extrajo un rollo de microfilm desde un receptáculo que se abría en su sien.
— Estaba estudiando pintura flamenca. Mañana es mi día libre y me gustaría ver a mi descendiente. Sus profesores dicen que tiene talento para pintar, pero me temo que no recibe un entrenamiento artístico suficiente en esa escuela. Quiero compensar eso en mis días libres.
— ¿Qué sucedió hoy entre Martha y tú?
— Nada especial. Estaba limpiando la mesa por la mañana cuando, por pura casualidad, le di una ojeada a una de las páginas de su tesis, y me fijé en dos errores esenciales en la fórmula del ácido nucleico. Hubiese sido estúpido por mi parte no decírselo a Martha. Simplemente, quise ayudarla.
— Y después, ¿qué ocurrió?
— Comenzó a llorar y dijo que ella es un ser humano vivo y no un robot, y que tener al lado una máquina sermoneándola todo el tiempo le resultaba tan desagradable como besar una nevera.
— Y tú, por supuesto, le respondiste, ¿no?
— Sí, dije que si ella pudiese satisfacer sus instintos de procreación mediante la ayuda de una nevera, probablemente no hallaría nada reprensible en besarla.
— Comprendo. Pero no fue muy educado por tu parte mencionar eso de los instintos.
— No quise herir sus sentimientos. Sencillamente, traté de hacerle ver que todo es relativo.
— Por favor, ten un poco más de tacto con Martha. Se siente muy ofendida.
— Sí, patrón.
Luff frunció el ceño al oír la palabra «patrón». Abandonó la estancia y se dirigió al dormitorio. Martha estaba dormida, con el rostro oculto en la almohada. De vez en cuando suspiraba profundamente. Tratando de no despertarla, Luff se aproximó de puntillas hasta un diván cercano y allí se tendió. Se sentía profundamente disgustado.
Mientras tanto, en la cocina, Cibela pensaba, y no por vez primera, que su permanente contacto con los seres humanos se estaba haciendo insoportable; que nadie podía esperar que las máquinas, ya mucho más inteligentes que el ser humano, estuviesen siempre expresándose en términos de eterna gratitud hacia sus creadores; y que, de no ser por el afecto maternal que sentía hacia su pequeño ciberniño, que sólo la tenía a ella en el mundo, gustosamente se habría arrojado por la ventana de aquel vigésimo piso.

miércoles, 13 de abril de 2011

Xindansvinto, observado y obsequiado

« En la categoría de Historia y Actualidad, premio a Xindansvinto con su bitácora Octopus 2036, jajajajaja. Sí sí, en Historia y Actualidad. El que quiera saber como va y como ha ido el mundo, y como nos vamos a ir "pal" otro barrio, ya sabe a donde tiene que ir. Altamente recomendado para los amantes del pulpo. »