miércoles, 8 de mayo de 2013

El partido del futuro

El futuro es una fiesta.
Xindansvinto está en el vértice de la sociedad de Octopus. Todo triunfo, todo descubrimiento científico, toda sabiduría, toda felicidad, toda virtud, se considera que procede directamente de su inspiración y de su poder. Su cara y su voz son el punto de mira para todo amor, miedo o respeto. Es tan poderoso que se reserva el azar para sí mismo y atribuye la necesidad para el resto, por eso es infalible en sus predicciones e impredecible en sus actos.

El Gobierno convoca a la prensa y pone un televisor con un video grabado. En la imagen, con aire grave, pero sonriente, Xindansvinto pronuncia un breve discurso sobre los grandes desafíos de Octopus, destacando la lucha contra la corrupción y la burocracia y la mejora de las condiciones de vida de la población en un discurso en el que no hace referencia alguna a sus predecesores y en el que se aleja de la retórica apocalíptica y su tono monocorde:

«Estoy muy feliz por estar aquí entre vosotros, circundado de la naturaleza y vuestra simpatía, que agradezco, así como vuestra amistad presente, pasada y futura. Gracias a la octava dimensión sabemos que en el futuro nos va francamente bien. La vida vale la pena porque nuestros ciudadanos se dedican a emprender y ejercer sus habilidades e intereses de forma colaborativa generando avances sostenibles que no hacen sino aumentar el bienestar general de forma imparable. La élite política tal y como era conocida en el antiguo régimen desaparece, siendo sustituida por unos empleados públicos electos que recopilan y ejecutan de la forma más eficaz posible las decisiones expresadas de forma directa por la población mediante un software adaptado a su modo de vida. La ideología política del futuro es la lógica y su praxis la tecnología. 

¡Estamos sobre el promontorio extremo de los siglos! ¿A qué mirar detrás de nosotros, que es como ahondar en la misteriosa alforja de lo imposible? El tiempo y el espacio han sido abolidos. Vivimos ya en el absoluto, puesto que hemos creado la celeridad omnipresente. Los medios electrónicos implementan un horizonte de sentido dinámico que avanza con la praxis del proyecto social expansivo, un contorno conceptual estático definido por su hipertextualidad incorruptible por el paso del tiempo, un sfumato davinciano autónomo de la conciencia, un gozne religante que permite una transición sin sobresaltos, una frontera legal heterónoma infranqueable por los enemigos de la patria. Efectivamente, prometimos que íbamos a acabar con el fin del mundo y así será. La vida y la libertad tienen enemigos feroces, pero deben saber que nunca podrán vencernos.

Las hordas de corruptos, asesinos, traidores, ladrones, timadores, estafadores, mentirosos, simuladores, vagos y maleantes, puede que sientan la necesidad de organizarse evolucionando del libertinaje a la creación de unas instituciones criminales. Esta amenaza impulsa el desarrollo tecnológico y mueve la actividad económica más importante: el mercado de armas, la industria del transporte y las telecomunicaciones. Las industrias de la seguridad, entre las que está la industria carcelaria, que no podía ser una excepción, necesitan un marco normativo de endurecimiento de condenas. Pero además el Gobierno necesita la colaboración ciudadana. Ahora que las tecnologías lo permiten, ha llegado el momento de incluir en las formas de gobierno la capacidad que tiene la sociedad para mejorar directamente sus instituciones y leyes.

La sociedad funciona mejor si incorpora los conocimientos expertos de la ciudadanía y la fuerza innovadora de su sociedad civil. El azar o cualquier tipo de sorteo imposibilitan esto, por lo que hemos fundado un nuevo dispositivo político: el Partido X, el Partido de Xindansvinto. Su programa no es ideológico sino lógico y todos sus puntos se resumen en uno: Octopus y punto. El Partido X no es una incógnita, es el Partido de Octopus, el único partido que no quiere representaros, sino reclutaros. En el futuro no votaréis partidos, haréis leyes. Y las cumpliréis, obedientemente. Es todo, gracias. Desde las ocho de esta tarde ya no seré más el Jefe Supremo de Octopus, sino un simple peregrino que inicia la última etapa de su vida.»

Xindansvinto no ha dejado espacio para una revisión de su decisión, ha anunciado un hecho y así se cumplirá. La infalibilidad y la verticalidad impedían, hasta ahora, que se diera un cambio como el anunciado. Su presencia simbólica, no obstante, queda garantizada con la presentación al mundo del Partido X. Xindansvinto mira hacia el futuro y despeja la incógnita sobre Octopus, eludiendo toda referencia a 2036 porque «morir por adelantado no convoca». El mito de la tecnología, por el contrario, invita a superar la muerte con el progreso, incorpora los superpoderes de la hiperinformación y la trascendencia, niega el final de la vida y abre todos los horizontes, especialmente para los que habían perdido toda esperanza, pues mientras la humanidad sufra estará presente el deseo y el anhelo de salvación. Ni que decir tiene que el éxito sólo sonríe a unos cuantos en una tecnocracia, por lo que los menos favorecidos por la fortuna seguirán siendo criminalizados preventivamente para garantizar la paz social.

8 comentarios:

  1. Sólo diré, últimamente tengo miedo.

    ResponderEliminar
  2. El miedo inducido es un mecanismo de control para la predicción y el condicionamiento de la conducta.

    ResponderEliminar
  3. En realidad, lo que temo no es a quienes desean controlarnos. Temo a quienes se están cansando de su control. No por mí. Se aproximan tiempos de guerra, estimado Xindansvinto. Temo que la paz, continúe siendo una utopía. ¿Qué dirán nuestros hijos, de haberlos?

    ResponderEliminar
  4. Su temor no es infundado pero, según que tesis maneje, esos tiempos no son futuros. La guerra no es la continuación de la política por otros medios, como apuntaba la manida cita de Clausewitz, sino que el derecho, las leyes y la política son la continuación de la guerra por otros medios. Una guerra primitiva y permanente ─como dijo Foucault─ sustentada en relaciones de desigualdad, asimetría, división del trabajo, relaciones de usufructo, etcétera...

    Salud, Devastiel.

    ResponderEliminar
  5. Espero que ésto no signifique el que el blog ha llegado a su fin, sino que es sólo el comienzo de una nueva etapa tan próspera como la anterior...

    Saludos!

    J.

    ResponderEliminar
  6. Adriana: Es usted muy amable. Adorable. Besable.

    José: Calcule usted que, con nuestros subterfugios, hasta 2036... por lo menos!

    Sílvia: Gracias. El placer es recíproco.

    ResponderEliminar

Cualquier cosa que nos diga es una gran aportación.
No se modere, nosotros no lo hacemos.