lunes, 29 de septiembre de 2014

La falacia y el currículum (IV)

Con la que está cayendo, los expertos en burocracia capitalista han tenido mogollón de ocurrencias. Una de ellas ha sido estimar la economía sumergida en los cálculos de la riqueza interna, poniendo cifras y valor al narcotráfico, la prostitución, el contrabando y el juego ilegal. Cabe recordar que las prácticas económicas en negro también son ilegales, pero éstas no tienen por qué efectuarse en una actividad que lo sea —conflictos bélicos incluidos—, por lo que las estimaciones de los expertos se hacen imprescindibles. No obstante, rechazaron estimar el trabajo doméstico, los robos y las estafas, ya que en ellos no media una transacción económica y no constituyen un negocio al fin y al cabo.

Con esto, según estos listos, se conseguiría reducir la deuda pública, que está supeditada al cálculo del producto interior bruto. La matemática es simple: si la base —denominador— es más grande, el resultado —teniendo en cuenta que el numerador no sufre cambios— será más reducido. En segundo lugar, los recortes en gasto social llevados a cabo por el gobierno seguirían siendo cada vez más drásticos apelando a que la economía sumergida satisfaría la demanda —por ejemplo, las necesidades farmacéuticas podrían ser paliadas con el narcotráfico— y, por ende, generando riqueza nacional.

Uno de los efectos de esta medida —post hoc ergo propter hoc— ha sido el incremento de falacias de todo tipo. Aunque algunas falacias no son intencionadas, debido a descuidos o ignorancia, la mayoría se cometen intencionalmente. Incluso como método de pago. Las falacias de este tipo pueden ser muy persuasivas, por lo que su agilidad anfibológica, que permite ir por la calle sin efectivo ni tarjetas de crédito, ha obligado a muchos comerciantes a aceptarlo como algo normal en sus establecimientos. El intercambio de falacias por bienes y servicios se ha impuesto en Octopus después del éxito obtenido con las primeras pruebas celebradas en Mamaluf, donde cientos de jóvenes defenestrados —debido a otra práctica muy extendida: infringir la ley de la gravedad saltando de balcón a balcón— practicaron a cambio de alcohol en las discotecas.

4 comentarios:

  1. La sociedad es la gran falacia, una vez que aceptemos esa realidad, todo ira a peor, eh... digo, a mejor.

    Suerte

    J.

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  2. Interesante su tesis de Macroeconomía. A lo mejor hasta le dan el Nobel. Estaré pendiente :)

    Abrazos!

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  3. Los prohombres del milagro económico no es que rechacen las falacias; al contrario, pero prefieren pagarlas con tarjetas ilegales. Como dice José Luis Cuerda: «Está casi todo dicho y casi nada hecho. Excepto lo que no hay que hacer». Suerte, pues.

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