viernes, 22 de mayo de 2015

Octopus 2014-2033, crónica de un colapso

Michael Joker nació en Bath en 1968. Historiador de formación, durante muchos años ejerció el periodismo. Entre 2000 y 2033, casi de forma ininterrumpida, vivió en Octopus, en donde cubrió los primeros efectos de la crisis financiera, la guerra civil de 2016, la abdicación de Xindansvinto, el gobierno tecnócrata subsiguiente y el colapso final del país. Falleció en Argentina en 2034, a consecuencia de la contaminación radioactiva, antes de que se publicara la segunda de las veinte ediciones de su obra Historia de Octopus, 2014-2033. Crónica de un colapso.

Este libro es una de las pocas obras que se interesan por los turbulentos años que mediaron entre el milagro económico y una crisis sin fondo que condujo, en el decenio de 2030, al colapso —uno más— en un país de la periferia marciana. Constituye un clarificador relato de los cuatro procesos principales que están en el origen de ese colapso: una crisis social agudísima, el asentamiento de prácticas dictatoriales, las consecuencias indelebles del cambio climático y el encarecimiento incontenible de las materias primas energéticas. E ilustra a la perfección la insolidaridad de quienes, recién iniciado el siglo XXI, prefirieron ignorar la corrosión terminal del capitalismo y dejaron dramáticamente en el olvido los derechos de las generaciones futuras.

miércoles, 14 de enero de 2015

Chilanga banda



Ya chole, chango chilango,
qué chafa chamba te chutas,
no checa andar de tacuche
y chale con la charola.

Tan choncho como una chinche,
más chueco que la fayuca,
con fusca y con cachiporra
te pasa andar de guarura.

Mejor yo me echo una chela
y chance enchufo una chava,
chambeando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.

Si choco saco chipote,
la chota no es muy molacha,
chiveando a los que machucan
se va en morder su talacha.

De noche caigo al congal,
no manches dice la changa,
al choro del teporocho
enchifla pasa la pacha.

Pachucos, cholos y chundos,
chichinflas y malafachas,
acá los chómpiras rifan
y bailan tíbiri tábara.

Mejor yo me echo una chela
y chance enchufo una chava,
chambeando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.

Mi ñero mata la bacha
y canta la cucaracha,
su choya vive de chochos,
de chemo, churro y garnachas.

Pachucos, cholos y chundos,
chichinflas y malafachas,
acá los chómpiras rifan
y bailan tíbiri tábara.

Transando de arriba abajo
ahí va la chilanga banda,
chinchín si me la recuerdan,
carcacha y se les retacha.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cartografías para una arqueología del futuro

La geografía no ha sido nunca una actividad inocente, a pesar de su apariencia de simple descripción del espacio físico. Los mapas se han hecho siempre al servicio de intereses bien concretos, aunque oculten sus objetivos. Se exponen o se plasman algunas cosas, pero se esconden o disimulan otras, por no hablar de las que se desfiguran o se inventan, de tal modo que los mapas son como palimpsestos en que el poder reelabora las viejas representaciones. El poder traza su propia cartografía. De ahí que en cada mapa, aparte de la actualidad, se incluya el pasado. Y sobre todo el futuro.

En principio, cada contexto sociohistórico podría tener sus mapas, sus abanicos de posibilidades, sus horizontes de expectativas; en definitiva, su pléyade de murmullos anónimos en los que se dice el sentido de lo que pasa. La afirmación de que una determinada interpretación de la realidad no puede ser más que verdad o mentira, constituye un pálido reflejo de una realidad abigarrada en la que verdad y mentira no precisan, necesariamente, de una mutua exclusión. Sin embargo, acostumbramos a pensar en términos de exclusividad, de confrontación de opuestos, de dicotomías.

El cartógrafo, generalmente, trabaja para un poder. El delineante de mapas, como sujeto social, tiene una intención política y difícilmente puede ser objetivo e imparcial, ya que la cartografía, además de brindar un testimonio, aspira a modelar y prefigurar la realidad. Ha sido la geografía, entre otras ciencias, la abanderada del imperialismo. La confección de mapas se usa para visualizar el espacio colonizable y legitimar la apropiación de esos territorios. La geografía sirve sobre todo para hacer la guerra y, con ella, la segregación.

En su sentido geográfico, la segregación indica la desigual distribución de los grupos de población en un espacio físico determinado. Esta construcción social del espacio traduce diferencias sociales, como claro reflejo de la jerarquía en grupos heterogéneos. Al vencedor no le basta con la victoria. Sabe que no puede confiar ni en las palabras ni en los silencios del vencido, pues siempre estará ante una representación que él mismo ha impuesto.

Así pues, en Octopus hay que diferenciar hasta cuatro grupos de pobladores: las tribus primitivas que vivían antes de la invasión marciana, los esclavos alienígenas que se quedaron a vivir, los soldados y señores que les transportaron desde ultramar sin establecerse permanentemente, y los descendientes de la diáspora que retornaron a raíz de las sucesivas insurrecciones culminadas en 1847 con la declaración de independencia.

Rosa de Octopus.
La adaptación y evolución de los dos primeros grupos acaecida en los siglos venideros tipificó la personalidad octopusiana, cuya huella quedó en la arqueología, en los documentos, en la lingüística y en el territorio, así como en aspectos de la vida cotidiana, como sus actividades productivas, reproductivas, asentamientos, demografía, estructuras de poder, normas matrimoniales, orden jurídico y etnoastronomía. Aspectos que, a medida que se asentaron los conocimientos geográficos, fueron simbolizados con la creación de la Rosa de Octopus, dejando atrás los mitos.

Sobre esta última cuestión se apunta que el culto astral les conminó a construir, orientar y alinear emplazamientos para establecer sus calendarios, organizarse y transmitir su conocimiento a las siguientes generaciones mediante la experiencia y la tradición oral. Hasta mediados del siglo XIX, en que afloraron nuevos ritos provenientes de la diáspora, estas tradiciones paganas convivieron con el culto vudú de los esclavos y el catolicismo de los grandes señores. Sin embargo, el joven obispo Sebastian Maniscalco fue mandado al exilio por el califa Mameluco en el año 484 acusado de herejía y regresó de Theveste ya anciano como asesor de Cosroes Parwiz. Maniscalco propuso proyectar la Rosa de Octopus sobre la superficie de los mapas, pero aún faltarían otras muchas innovaciones cartográficas para poder representar dentro de un mismo plano las ocho dimensiones.

viernes, 31 de octubre de 2014

La diáspora de las tribus deportadas por el imperio

La segunda gran deportación marciana.
Octopus fue poblado por tribus rebeldes y a su vez pobló parte del Nuevo Mundo, lo que marcó su evolución y adaptación como sociedad históricamente documentada. A inicios de nuestra era el Imperio Marciano deportó a miles de personas, miembros de tribus insurrectas, como medida ejemplar, punitiva, para desarraigarlas y colonizar nuevos territorios.

Las fuentes escritas persas, junto con los hallazgos arqueológicos y las informaciones geográficas, paleoambientales y etnohistóricas, han actualizado la visión de la etnología tribal en su ámbito dinámico al señalar la deportación de colectivos tribales durante la antigüedad, grupos humanos desconocedores de la navegación procedentes de Persia que debieron ser trasladados a los Sextercius marcianos cruzando el mar de África.

En el siglo I comenzaron las hostilidades contra el Imperio Marciano. Los indígenas africanos se aliaron con las tribus de Corcos autóctonas que no aceptaban la invasión y se trasladaron a las montañas. Para mitigar esta segunda insurrección el emperador envió a Paulino, el primer jefe militar en traspasar la cordillera de Tourmalet donde alcanzó a los miembros de las tribus rebeldes. Para escarmiento de los venideros y porque el delito cometido no quedase sin castigo, mandó cortar las cabezas a todos los que habían sido caudillos principales de la rebelión; y a los demás, porque no fuesen por ventura causa de otro motín en toda aquella generación, ordenó cortar sus lenguas, para que donde quiera que fueran no supiesen referir ni jactarse que en algún tiempo estuvieron contra el imperio.

En esta época las tribus irredentas sometidas eran deportadas a otros enclaves situados a centenas de kilómetros y así se desplazó a miles de personas, hombres y mujeres cuyas lenguas habían sido cortadas, por rutas terrestres y marítimas. Una medida ejemplarizante para desarraigarlas sin esperanza de retorno y también para colonizar nuevos territorios. Además Paulino, con la aquiescencia del Senado, estableció una línea divisoria en el mapa de Corcos entre los territorios rebeldes y los sometidos al imperio: los Octopus al norte, concebidos como un vasto presidio, y los Carrampos al sur, respectivamente.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La falacia y el currículum (IV)

Con la que está cayendo, los expertos en burocracia capitalista han tenido mogollón de ocurrencias. Una de ellas ha sido estimar la economía sumergida en los cálculos de la riqueza interna, poniendo cifras y valor al narcotráfico, la prostitución, el contrabando y el juego ilegal. Cabe recordar que las prácticas económicas en negro también son ilegales, pero éstas no tienen por qué efectuarse en una actividad que lo sea —conflictos bélicos incluidos—, por lo que las estimaciones de los expertos se hacen imprescindibles. No obstante, rechazaron estimar el trabajo doméstico, los robos y las estafas, ya que en ellos no media una transacción económica y no constituyen un negocio al fin y al cabo.

Con esto, según estos listos, se conseguiría reducir la deuda pública, que está supeditada al cálculo del producto interior bruto. La matemática es simple: si la base —denominador— es más grande, el resultado —teniendo en cuenta que el numerador no sufre cambios— será más reducido. En segundo lugar, los recortes en gasto social llevados a cabo por el gobierno seguirían siendo cada vez más drásticos apelando a que la economía sumergida satisfaría la demanda —por ejemplo, las necesidades farmacéuticas podrían ser paliadas con el narcotráfico— y, por ende, generando riqueza nacional.

Uno de los efectos de esta medida —post hoc ergo propter hoc— ha sido el incremento de falacias de todo tipo. Aunque algunas falacias no son intencionadas, debido a descuidos o ignorancia, la mayoría se cometen intencionalmente. Incluso como método de pago. Las falacias de este tipo pueden ser muy persuasivas, por lo que su agilidad anfibológica, que permite ir por la calle sin efectivo ni tarjetas de crédito, ha obligado a muchos comerciantes a aceptarlo como algo normal en sus establecimientos. El intercambio de falacias por bienes y servicios se ha impuesto en Octopus después del éxito obtenido con las primeras pruebas celebradas en Mamaluf, donde cientos de jóvenes defenestrados —debido a otra práctica muy extendida: infringir la ley de la gravedad saltando de balcón a balcón— practicaron a cambio de alcohol en las discotecas.

martes, 9 de septiembre de 2014

Thunderstruck (II)

jueves, 4 de septiembre de 2014

Thunderstruck

jueves, 19 de junio de 2014

La obligada pleitesía a Felipe Sexto

Instrucciones para triunfar en el periodismo
Eduardo Galeano

Finalmente, tras una precipitada deliberación, los senadores del Imperio Marciano lo refrendaron mediante una ley orgánica: un nuevo monarca, Felipe de Sextercius, sería su embajador occidental. Más conocido, sin embargo, como Felipe Sexto, haciendo caso omiso a la etimología y la función implícitos en su verdadero nombre; el armisticio de Tourmalet obligaba al pueblo octopusiano a integrarse en Sextercius, por lo que su nuevo máximo representante ante el Imperio Marciano lo era también de todo Octopus.

Así las cosas, se dice que Felipe Sexto contó con el beneplácito de Xindansvinto; si bien éste se aseguró de no ostentar cargo alguno en el momento de su coronación para no tener que rendirle pleitesía. «No hay que confundir pleitesía con cortesía», según dijo. «Para mí es como un hijo y así se lo haré saber», aseguró sin poder ocultar su franco malestar ante la actitud díscola de sus hijas.

Para prevenir incidentes con los gatos, no fuera a ser que tirasen algún tiesto en el desfile de investidura, se dispusieron más de 120 francotiradores francófonos en las azoteas. Otrosí, dado que ser tan alto mandatario de Sextercius era más que nada una cuestión de cojones habida cuenta del belicismo imperante (nunca mejor dicho) en el Imperio, el protocolo para la proclamación de Felipe de Sextercius también incluía en la ceremonia que se sentara en un trono agujereado en el centro para comprobar que los tuviera. Tras lo cual, él mismo seguiría tocándoselos sin pudor ni disimulo.

El hasta entonces Jefe Supremo de Octopus se mantuvo al margen pero vigilante. Los cronistas describieron a Xindansvinto «entronado, con sus guantes grises, en una silla brocada, con el alma reseca y vacío de esperanza, muy viejo y cansado, pero inspeccionando la escena con un aire cínico y casi pícaro». Como buenos cortesanos alabaron por enésima vez la argucia de su abdicación. No en vano, su apuesta por un gobierno tecnocrático formaba parte de una estrategia política populista dirigida hábilmente y que, revitalizada bajo consignas posmodernas, amenazaba con ser, nada más y nada menos, antesala del totalitarismo y soporte de una emocionalidad que rechaza los cauces deliberativos racionales, a pesar de sustentarse precisamente en un modelo de legalidad institucional representativa.

Y es que la proclamación del nuevo monarca de Sextercius no alteraba dichos planes, sino que, muy al contrario, formaban parte de ellos.

viernes, 30 de mayo de 2014

El protocolo de la puntuación

Musca maledicta.
Garvinus observó que los sistemas de puntuación utilizados en las literaturas de las distintas naciones dependieron originalmente de los hábitos sociales y de la dieta general de las moscas que infestaban los correspondientes territorios. Estos animalitos, que se distinguieron siempre por vivir en la vecindad de los escritores, a quienes tratan con amistosa familiaridad, embellecen con generosidad o tacañería, según sus hábitos corporales, los manuscritos en proceso de preparación, haciendo surgir el sentido de la obra por una especie de interpretación superior y ajena a los poderes del autor. Los «viejos maestros» de la literatura —es decir, los escritores primitivos cuya obra es tan estimada por los escribas y críticos posteriores que hablan el mismo idioma— jamás puntuaron cosa alguna, sino que escribían a vuelapluma sin caer en esa irregularidad del pensamiento que proviene del uso de la puntuación. (Actualmente observamos idénticos procedimientos en los niños, cuyos hábitos en la materia constituyen una demostración notable y hermosa de que la infancia de los individuos reproduce los métodos y las etapas del desarrollo que caracterizan a la infancia de las razas). Los modernos investigadores, con sus instrumentos ópticos y ensayos químicos, han descubierto que todos los signos de puntuación de esos antiguos escritos fueron insertados por la ingeniosa y servicial colaboradora de los escritores, la mosca doméstica común o Musca maledicta. Al transcribir esos primitivos manuscritos, ya fuera para apropiarse de las obras o para preservar lo que naturalmente consideraron revelaciones divinas, los literatos posteriores copiaron con precisión y fidelidad todas las marcas que encontraron en papiros y pergaminos, realzando milagrosamente la lucidez del pensamiento y el valor general de la obra. Los escritores contemporáneos de los copistas, por supuesto, adoptaron esas marcas para su propia creación y, gracias a la ayuda que les aseguraban las moscas de su propia casa, frecuentemente rivalizaron y hasta superaron las viejas composiciones, al menos en materia de puntuación, lo cual no es una gloria desdeñable. Para comprender cabalmente los importantes servicios que las moscas prestaron a la literatura, basta ubicar una página de cualquier novelista popular junto a un platillo con crema y melaza, en una habitación soleada, y observar «cómo el talento adquiere brillo y el estilo se refina» en proporción directa al tiempo de exposición.

martes, 13 de mayo de 2014

Anisakis de anchoa en teppanyaki

Anisakis ricos ricos.
Ya que estamos en temporada, te recomendamos una sencilla receta de anisakis de anchoa para sacarles el máximo partido. Para hacer la salsa, sofríe cuatro dientes de ajo picados finamente junto con ralladura de naranja y de lima. Tritura con aceite, vinagre y zumo de lima. Prepara una ensalada picando finamente tres tomates pelados, dos cebolletas y un pimiento rojo. Mezcla todo en un bol, añade aceitunas negras y aliña con la salsa triturada. Filetea las anchoas y separa con sumo cuidado todos los anisakis que encuentres en su interior. Reserva las anchoas para hacerlas en vinagreta o como prefieras; pero, ya si eso, otro día. Si no estás acostumbrado a los choques anafilácticos, es preferible que congeles los anisakis durante 24 horas antes de la preparación. Reparte por encima un picadillo de albahaca y la parte verde de dos cebolletas tiernas. Si no te van los productos light ni descafeinados y no congelas los anisakis, puedes añadir wasabi y cayena para darle un toque picante. Dóralos en el teppanyaki, dándoles vueltas con una cuchara de madera, hasta que se retuerzan y los oigas chillar. Añade sal y pimienta al gusto, mezcla con el resto de ingredientes y sirve inmediatamente.